domingo, 6 de julio de 2014

Bodegas Avelino Vegas Fuentespina Selección 2010.





No hace mucho surgía delante mío el abominable y cansino debate de siempre, al menos entre personajes que no entienden como yo de qué debe ir esto del vino. En esto del vino, y siempre respetando la singularidad de cada suelo, de cada zona y de cada tipo de varietales, no hay banderas, nacionalismos, ni siquiera patriotismos que valgan. Déjemos de una santa vez la máldita costumbre de colocar banderas provincianas, regionalismos difusos y de dudosa entidad, a las botellas que nos salen al paso. Yo nunca valoro de ese modo un vino e invito a quienes me leen, a que olviden infumables teorías políticas aldeanas y se decidan por ampliar su paladar a todo tipo de propuestas. La cultura vitivinícola nunca debe ir de la mano de banderas, himnos y grotescos discursos patrióticos. Yo, que nunca lo negaría;  presumo de una educación vitivinícola claramente riojana, pasé con los años, de beber casi únicamente vinos de Rioja, a abrir mis sentidos más allá de la frontera, pudiendo aprender a admirar varietales que no se incluyen en los majuelos riojanos y a saborear vinos con una personalidad propia, elaborados allende de esas ilusorias fronteras que a veces nos marcan los más ortodoxos consumidores con comentarios inapropiados y despreciativos dirigidos a vinos de otras regiones y países.
El debate cansino entre Rioja y Ribera del Duero, la exaltación de la ignorancia supina ó de los meros intereses mercantiles, estos comprensibles pero no aceptables para mi cuando de divulgar se trata y esa es mi función real en esta historia; ha llegado a cansarme de tal manera que ya ni siquiera contesto cuando me preguntan si soy más de papá ó de mamá, de Rioja ó de Ribera del Duero.
Basta ya...
¿Que quieren?. Todo es compatible en este mundo y yo sólo soy de mi mismo, aún admitiendo mi niñez y adolescencia riojana y valorando el cariño que siento por la tierra de Obarenes, Yerga y San Millán de la Cogolla.
Viene todo esto a cuento de este Fuentespina Selección 2010 de Avelino Vegas, un tempranillo que marca una evidente condición vinosa, potente y ligeramente ruda, que no necesariamente negativa. La rudeza, para mi; es en el vino una virtud, no siempre deseada, en función del momento y el lugar, pero ideal por ejemplo, para acompañar un asado ó un buen chuletón sangrante.
Es lo que ofrecen algunos vinos de Ribera del Duero, esa agradable rudeza, esa punta de vinosidad que alcanza el paladar y que deja una huella desengrasante, tan amable cuando lo que acompaña al vino es una buena ración de cordero lechal ó de cochinillo segoviano.
A mi este Fuentespina Selección 2010 no me parece un vino para alternar en los bares, pero sí uno de esos vinos encantadores cuando de comer se trata.
Lo bueno del mundo del vino no es entender, no es proclamar que este vino es mejor que el otro. En este apasionante universo del vino, lo bueno es comprobar como cada vino te ofrece su propia expresión, su peculiar naturaleza, su incopiable espíritu, a veces hasta transgresor, rebelde con lo establecido, más allá de complejidades y estériles debates aldeanos.
En copa parada ofrece un color apicotado intenso con reflejos violáceos.
La tempranillo procedente de viñas con una edad media de cincuenta años, con una maduración de año y medio en barricas de madera nueva de roble francés, dejando en nariz sensaciones aromáticas de fruta roja madura y levemente en sazón, con nota golosa en la guía, apostando en el final por incipientes aires de la madera continente que crió al vino, tostados y torrefactos y granos de cacao.
La fruta siempre imperante.
La boca es potente desde la entrada, intensidad frutal, con buena línea de acidez, calidez y frescura compiten, con los taninos marcados y golosos, vinosidad y ducha de fruta, franca persistencia, con la textura de denso perfil.
La retronasal habla de ciruelas, cerezas y fresas de mata, con un punto ligeramente tostado y ahumado, desplegando un fondo balsámico, menos reconocible en nariz; y un final que comienza a marcar huellas torrefactas, más intensas que las descritas de cacao en la vía olfativa.
Un vino esplendoroso en franqueza varietal, en equilibrio fruta y madera, en cuerpo y eso que yo denomino rudeza, y que lejos de parecer un criterio de análisis negativo, es seña de identidad, de variedad y sobre todo de potencial cuando el vino abraza la boca.
Lo califico en esta añada 2010 como muy recomendable.
Ideal para acompañar un buen asado castellano.
Viva la fruta, muy viva e intensa...

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