miércoles, 2 de julio de 2014

Altolandon L´Ame Malbec 2009.




Mi agradecimiento a los responsables de esta bodega, localizada en el municipio conquense de Landete, por su desinteresado envío de muestras, siendo este monovarietal de malbec, en edición de añada 2009, la primera de ellas que he catado y que ahora me dispongo a comentar en esta entrada del blog. Un placer encontrarse con una varietal tan poco común en nuestra geografía como es la malbec, casta originaria de la zona francesa de Quercy, en el Cahors de Saint Didier.
La cot, nombre con el que se conoce a esta varietal en Francia, proviene de la Magdeleine Noir de Charantes, usada como uva de mesa en el medievo; y de la Béquignol Noir, esta habitual en el presente en la zona de Gaillac.
Realmente la malbec es conocida de modo internacional por su cuidada profusión en Argentina, a donde llegó de la mano del enólogo Miguel Pouget, procedente de Francia; y donde en la actualidad es la uva más utilizada para elaborar vino, con más de treinta mil hectáreas de plantación, y donde está perfectamente integrada a las condiciones del campo mendocino.
Altolandon, con ciento veinte hectáreas de viñedo en propiedad, posee territorio plantado, en una altitud de mil cien metros sobre el nivel del mar. Elabora este L´Ame, con frutos procedentes de viñedos con una edad media de quince años, tras una vendimia manual, que comienza a partir del día de la Virgen del Pilar, procediendo ya en bodega a un proceso de maceración que se prolonga durante dos semanas, con utilización de la levadura autóctona, y posterior fermentado alcohólico en depósito.
Maduración de catorce meses en barricas de madera nueva de roble francés.
En copa parada el vino muestra un color apicotado cereza con reflejos granas y purpúreos, dejando en nariz sensaciones de fruta roja madura, con puntos florales en segunda instancia, manifestando un buen rasgo de licorosidad, bien integrada en el perfume, engrandeciendo la seña de fruta, y mostrando en su fase final de la aromática una sugerente pincelada de mineralidad, que habla de terruño, redondeando el conjunto.
La boca es jugosa y carnosa desde el arranque, tiene un magnífico equilibrio entre dulzor frutal y acidez, esta prolongada y aportando frescura, con los taninos marcados pero acoplados en el avance, sabroso y prolongado, con una buena seña de persistencia, amable y sugestiva personalidad de la fruta.
La retronasal habla de grosellas, aquí advierto un punto de fruta negra que no está tan representada en la fase nasal; frambuesas y cerezas, con tonos de flores rojas y violetas, marca la fruta con clase y distinción, apareciendo ya en el epílogo un marcado caracter de terrosidad y roca húmeda.
Un vino frutoso, emocionante y lleno de viveza, con perfil de eso que yo suelo denominar ducha de fruta en el paladar, que en esta añada 2009 califico como más que muy recomendable.

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