sábado, 14 de junio de 2014

XVII Edición de los premios Envero y Ganador Categoría Roble.







El pasado día 10 de Mayo de 2014 conduje en compañía de mi esposa hasta la localidad burgalesa de Aranda de Duero, a donde acudí al objeto de presidir una de las mesas de jurado de la diecisiete edición de los premios Envero. Un cambio de organización de los tradicionales galardones de Ribera del Duero, que tenía como protagonistas principales a los aficionados a este mundo, gente de todos los sectores de la población, críticos y periodistas, pero también consumidores de un mercado a veces tan complejo de entender por bodegueros y distribuidores.
Ha pasado ya un mes desde aquel evento, y mi demora en escribir esta entrada del blog no se debe a la desidia, ni siquiera a restar importancia a un acto, que estuvo bien organizado, llevado con un aplomo y un orden, dignos de aplauso.
Antes bien, a la cantidad de compromisos y muestras para catar y comentar que me van surgiendo, para alegría personal, en este fascinante camino emprendido.
Al frente del espectáculo catador, el Ayuntamiento de Aranda de Duero, representado por el concejal de cultura y desarrollo, y un incansable Javier Pérez Andrés, hombre de vino y gastronomía, bien pendiente de que todo saliera de un modo óptimo. Mis felicitaciones a ambos por la disposición y el buen trabajo realizado.
Me tocó una mesa de rosados, y aunque la cata era a ciegas y no sabré nunca qué vinos y bodegas pude apreciar, el nivel fue lo suficientemente bueno como para asegurar a mis lectores que con eventos como el de Envero, uno sigue aprendiendo. Estuve bien acompañado, rodeado de una señora, cuyo nombre olvidé, pero que me dijo trabajar en el Consejo Regulador de Origen Rueda, y de un joven agricultor de la provincia de Burgos, que se confesó apasionado por el vino.
Junto a ellos dos, principalmente, pude catar una buena colección de rosados, que fuimos puntuando de cara a colaborar en elegir el mejor de todos.
En esta primera entrada y agradeciendo la amabilidad de la organización que me permitió catar al final del acto, los vinos galardonados, versaré sobre el vencedor por aclamación popular en la categoría de roble.
Bodegas López Cristobal Tinto Roble 2013, un vino equilibrado, con la seña de la madera por detrás de la fruta, presente pero distante en la suficiente medida como para agradar al paladar.
Noventa y cinco por ciento porcentual de tinta fina, con la cantidad restante para la merlot. Frutos vendimiados en Finca La Linde, propiedad del dominio,  plantada con viñas localizadas a una altitud de setecientos setenta metros, asentadas en suelos de composición calcáreo limosa y acreditando una antiguedad media de veinte años.
Cosecha manual, con tres meses de maduración en barricas de madera de roble francés, y tres meses adicionales de afinado en botella antes de salir al mercado.
Copa parada que manifiesta un color apicotado con reflejos violáceos.
Nariz satisfecha en su cercanía a la fruta roja y negra madura y levemente confitada, con algunos rasgos especiados suaves, tonos tostados procedentes de la madera que sirven de cuna a los frutos antes mencionados, balsámicos no muy prolongados en aromática.
La boca es franca y jugosa desde el arranque, con una buena traza de acidez que se conjunta con el dulzor para lograr una buena balanza expresiva, taninos golosos y pulidos, se desplaza con suavidad, con buena seña de persistencia.
Retronasal que envía recuerdos de cerezas, frambuesas y ciruelas oscuras, con la vainilla dejando un punto y dando entrada a una guía suave de ebanistería y un tono de regaliz.
Un vino tinto que hace del roble un agradable novio de la fruta.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.
Seguiré escribiendo en entradas posteriores de los demás ganadores de estos premios.
Y sobre todo, recomiendo a mis lectores habituales, su presencia en estos premios, en la próxima edición.

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