domingo, 1 de junio de 2014

Palacio de Bornos Frizzante Verdejo 5,5º 2013.





Aunque algunos a estas alturas me consideren ya un purista del vino, hay productos cuyo perfil de comercialidad, está más cerca de resultar atractivo en la búsqueda de nuevas incorporaciones a esta fascinante cultura vitivinícola, atraer hacia ella a gentes que se encuentran en otros hemisferios; que de logros en aras de calidad ó de tecnicismos enológicos. Lo que no hay duda es de que la dignificación de la identidad del vino no sólo depende de grandes bodegas y magníficos trabajos de viñedo y bodega, que aunque a quien estas lineas redacta en caso alguno asustan, al parecer y según lo manifestado en más de una ocasión por iracundos bodegueros y enólogos, sí causan en el consumidor medio una especie de temor reverencial hacia lo no comprendido ó hacia los excesos de explicaciones y literaturas prendidas de la solapa.
Quiero agradecer a los responsables de esta bodega vallisoletana su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envio de esta muestra de su referencia frizzante, vino blanco de Rueda, elaborado con la frescura de la varietal verdejo, que acredita un proceso de parcial fermentado a baja temperatura y un grado alcohólico bajo que alcanza los cinco y medio. En su elaboración se procede con un desfangado estático, con filtración amicróbica antes del embotellado usando una máquina isobárica, de cara a mantener su concepto carbónico,
No es este producto de la bodega Palacio de Bornos un vino nacido para asaltar los impenitentes corazones de los puristas del vino, ni siquiera de aquellos que busquen contrastar los mil rincones expresivos de la varietal verdejo, y sin embargo es un producto que se integra a la perfección en ese perfil de buena presentación, guiño de referente comercial y hermosa frescura chispeante con la que saciar los excesos estivales de temperatura.
Es un vino que por instantes recrea el escenario de un moscato italiano, tal vez con más dosis de dulzor, con la chispeante gracia de unas finas burbujas traviesas y una punta de frescura que baña los sentidos de fruta. Tiene tono de zumo, una aromática intensa, que facilita recuerdos de melocotón y piña, algunas notas florales menos marcadas. La boca comienza con un buen punto dulce, que se extiende en el avance, chispeante con comedimiento, cierta sensación de frescura que sin embargo y por momentos me resulta un tanto asediada por esa golmajería, que a mi juicio, resulta un tanto aplastante. Creo que tiene buena idea, que aporta un punto y aparte dentro del concepto de los vinos de verano, que puede llegar a ser un buen sustituto para otras opciones refrescantes, aunque no es mi vino ideal.
Una copa entra a gusto, más resultan excesivas.
Si tengo que calificarlo como vino se queda en la decepción, si tengo que acreditarlo como producto de consumo para apagar el calor, le doy un recomendable. Igual que sería beber un zumo de papaya y mango, ó una cerveza con limón.
Buena imagen eso sí, y el testigo del melocotón muy intenso.
Frizzante y con bandera de fruta al viento, aunque más cerca de un jugo de fruta que de un vino, tal y como yo lo entiendo y pretendo.

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