lunes, 9 de junio de 2014

Día de La Rioja.


Dicen que los días de las comunidades autónomas suelen ser un homenaje a la tierra. Una vez afirmó Don José María Pemán aquello tan bonito de "la tierra riojana es el primer borrador de una síntesis hispánica", y lo cierto es que cada vez que paseo por una finca de viñedo, por la cuenca de cualquiera de los ríos y afluentes que atraviesan la geografía de esta tierra, por sus huertas fértiles y sus pueblos en los que la piedra no habla, pero sí canta coplas de leyenda, la tranquilidad, la calma y la seguridad de estar en una tierra afinada, histórica y llena de gentes que hacen del trabajo, la generosidad y la nobleza los motores diarios de su existencia, tocan a la puerta de mis recuerdos y sensaciones presentes.
El Día de La Rioja no es para mi una jornada festiva, antes bien me huele a tierra mojada, al vaso de bon vino de Gonzalo de Berceo, a los cartularios de los conventos y monasterios riojanos, a los arcillo calcáreos terruños y a ese viento del Norte que siempre refresca Haro cuando la tarde comienza a vencer.
Me huele a los otros monasterios, esos que esconden bajo tierra, las añadas legendarias, las botellas del vino de antaño que encierran en su interior el tesoro de los esfuerzos y sudores, del trabajo de tantos riojanos y riojanas que en el campo y la bodega volcaron su dedicación en aras del futuro, ese presente maravilloso que algunos podemos disfrutar y que engrandece la leyenda, el mito del vino de Rioja.
Me huele a bollo preñao, a queso camerano, a óleos de arbequina, a pimientos y corazones de alcachofa, a patatas nuevas y viejas, a caparrones y pochas, a fruta cogida del árbol, a uva y miel, a lechazo y cabrito, a horno de leña y pan, a milagros de buenos santos, a jota y terra sigillata, a canciones del corro y tracción animal, a los mil y un apodos que llenan el paisaje rural como danzarina crónica de un pueblo.
De los hombres y mujeres del campo, esa Rioja no urbanita, plasmada por el aroma de la tierra, esa mineralidad que los catadores solemos mencionar, bajo la incomprensión de algunos tozudos críticos.
Esa mineral esencia que hace de Rioja, un campo de sueños, abonado por sudores y postreras recompensas.
Cierto es que La Rioja no sólo es vino, y que su florida horticultura, su ganadería, sus champiñones y setas, sus industrias conserveras llenas de raigambre, su zapatería y su cultura milenaria hacen de esta tierra algo más que un simple lugar pleno de simpatía.
Parece como si la tierra de Rioja, sus piedras, almacenaran tantos recuerdos que sólo con pasear entre esas paredes, pisando esas fincas, esos campos; tendriamos la bendita obligación de escuchar el silencio, ese que a veces relata más que un recurrente monólogo.
Yo escucho a la tierra, me dejo airear por la cum terris, por sus benditos efluvios, saboreando la esencia, el histórico rigor de una tierra bendecida por la historia por los siglos de los siglos.
Tienen razón La Rioja no es sólo vino, va más allá, La Rioja es tierra, la tierra que a algunos les vió nacer, y a otros nos amamantó.
Y en tal día como el presente, Día de la Rioja, y en este blog sobre el vino y su cultura, no podía menos que felicitar a todos los riojanos y riojanas, junto a quienes, me permitirán, que me sienta un poco riojano, honor y orgullo.
La Rioja merece un día, pero habla y canta todo el año.
Que ustedes lo disfruten, y ya saben, tierra abierta, tierra de iniciativa y trabajo sin desmayo.
Del vino a la huerta, de Sierra Cantabria a Yerga, siempre en mi corazón.
Viva La Rioja ...!

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