sábado, 28 de junio de 2014

Bares qué lugares...Vinos y Pinchos : La Taberna del Tío Blas Logroño.




Un nuevo capítulo de mis habituales visitas a ese templo del buen gusto, situado en la amable calle Laurel de la ciudad de Logroño; bautizado como La Taberna del Tío Blas, patroneado por un buen equipo de profesionales, tanto cocina como atención de barra; y liderado por la familia Osaba, para uso y disfrute del caminante necesitado de unos momentos de diversión culinaria.
En esta ocasión me animé por una cazuelita de garbanzos y callos, sabrosos con su acertado punto de pimentón, con la legumbre en buena textura y los aditamentos con la abundancia correcta, sin resultar amanerados ni grasos en exceso.
El conjunto abraza la boca, haciendo pensar sobre la muy conocida leyenda que da base al origen de este plato de la gastronomía española, y que crea un puente entre Galicia y Andalucía; regiones que se disputan la fundación primaria de la receta; y más en concreto entre las Capitanías Marítimas de Ferrol y Cádiz, según atestigua el comentarista culinario Manolo Méndez, que sienta el precedente inicial en Galicia, extendiendo en base a esa relación de hermanamiento militar, el sabroso guiso a tierras andaluzas, en donde como bien dice el escritor, el enlace entre legumbre y tripas posee una mayor carga aromática, motivada por el habitual añadido de hierbabuena.
Respecto a mi selección del vino para adornar y refrescar el paladar, me incliné por una maceración carbónica. Añada 2013 de Luberri Monje, una fusión de tempranillo y menor aporte de viura, aportando con una divertida precisión frutosa la personalidad de la Rioja vinosa más lozana.
Copa parada que muestra un color apicotado intenso con reflejos violáceos, nariz emocionante en cuanto a expresión aromática, frutos rojos y negros intensos, con fragancia de piruleta de cereza y frambuesa,  asomo balsámico y floral, que se recrea y macera la fruta.
La boca es larga, profunda, jugosa y juvenil, da la sensación de estar delante de uno de esos vinos que apetece apurar hasta el final de la botella, resultando amable, pleno, sabroso, trago fácil pero al mismo tiempo estructurado, con volumen y vinosidad. No se aprecian los taninos, y ello motiva que el protagonismo de la fruta resulte más evidente, con un punto magnífico de madurez, con la liviana pero bien delineada acidez derrochando frescura.
Retronasal que envía memoranzas de cestillo de frutas de la Rioja estival, hay frutos rojos y negros pero también sensaciones cítricas más débiles, incluso algunos recuerdos de peras de agua que aparecen en el alma expresiva del vino. Los balsámicos y las flores se hacen notar menos en la retronasal.
En conjunto, una extraordinaria maceración carbónica, que en esta añada 2013 califico como más que muy recomendable.

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