lunes, 30 de junio de 2014

Bares qué lugares...Vinos y Pinchos : Bar Bilibio Haro.



Tiene la localidad de Haro uno de esos establecimientos al que esta población de la Rioja Alta debe un punto positivo en la alternativa gastronómica a la tradición, a esos pinchos que forman parte de la tradición jarrera, pimientos rellenos, orejas, patatas bravas ó rebozado de huevo, espárrago y langostino; y que de cuando en cuando y con el mayor de los respetos también merecen una alternancia de poder. Soy un firme defensor de las tradiciones gastronómicas y les aseguro que hay sabores de la oferta jarrera en cuanto a tapas, que forman parte de mi propia memoria, del libro de ruta culinario personal que todos, de un modo u otro; llevamos dentro.
El Bar Bilibio supuso, en el instante de su fundación; una opción novedosa, con unos pinchos adecuados a los tiempos, que ocuparon por justicia un espacio dentro de la oferta jarrera, llenando un puesto que la demanda empezaba a solicitar voz en grito.
En esta ocasión, me acerqué junto a mi esposa, hasta este espacio gastronómico situado en el número once de la calle de La Vega, dispuesto a colmar un apetito que suele aflorar justo antes de comer.
Era el día de la Batalla del Vino, y el ambiente se coloreó con un inevitable blanco violáceo, que las retinas de un apasionado de la cultura vitivinícola siempre celebra.
Patata rellena de foie y hongos, presentada con delicadeza en una taza con una salsa de carne bien apañada, y el tubérculo como debe ser, cuando estamos en La Rioja; con la apasionada presencia que incluye su personalidad externa, piel presente. El relleno magistral, bien enlazado, con el fungi representado en su justa medida, y la cremosidad del foie aportando al conjunto un buen balance en cuanto a sabor y textura.
Equilibrio y tres nobles ingredientes ajustados a la medida, un magnífico pincho, de esos que en Bilibio nunca defraudan.
Para escoltar el ejercicio de suculencia, un vino de los de Haro, el Viña Pomal Centenario Crianza 2011, de Bodegas Bilbainas. culto a la tempranillo, en una de esas referencias de Rioja que forman parte de la leyenda, y que hacen del aporte de madera algo más que un simple testimonio.
Homenaje al centenario de la creación de Viña Pomal, allá por el año 1908; con un escalón más allá de los vinos que en los últimos años salen de entre las paredes de esta bodega, ya que los doce meses de maduración en barricas de madera de roble americano se expresan presentes, pero equilibrados.
Nota positiva, para una etiqueta, que sin duda, lo merece.
Copa parada que muestra un color apicotado con reflejos violáceos. Buena sensación aromática expresando fruta negra madura, con segunda instancia desarrollando evocaciones de perfumes balsámicos, florales, torrefactos y de suave ebanistería. Equilibrado en la fragancia, la fruta domina, siempre bailando un vals con una madera perceptible pero no rotunda, ni endomingada.
La boca se abre con aportes de fruta golosa, con buena traza de acidez, la frescura sabrosa en el avance, taninos presentes y pulidos, con una amable persistencia. Tiene en su enfoque retronasal una sabrosa combinación de moras y ciruelas oscuras, guía de regaliz y flores de pétalo lila, lácticos menores y torrefactos mayores procentes de la madera que le ha criado, y en el final una sabrosa seña de sapidez, que sirve para redondear el conjunto.
Vino amable, con buena concentración, y me alegra decir que bien equilibrado.
Lo califico en esta añada 2011 como muy recomendable.

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