lunes, 26 de mayo de 2014

Ser de Vinos : Finca Allende y Lácteos Martínez - Los Cameros.





El pasado sábado el programa Ser de Vinos, conducido por su alter ego habitual, Rafael Martínez; contó con la presencia de dos elaboradores riojanos, la bodega de Briones Finca Allende, representada por el afable Miguel Angel De Gregorio, al cuál y para quienes siguen de cerca este mundo de la cultura vitivinícola, no me hace falta presentar, y Quesería Los Cameros de Haro, liderada por los hermanos Javier y Sonia Martínez; con su amplia galería de quesos, algunos de los cuáles han sido galardonados ya a nivel internacional, para orgullo de sus propietarios, pero también para quienes, saltándonos los tópicos, no creemos en aquel dicho de nadie es profeta en su tierra. Y es que me enorgullezco de ser un habitual consumidor de las elaboraciones lácticas de una quesería riojana que, para quienes aún no la conozcan; sabe hacer muy bien las cosas.
Y no sólo porque yo lo diga.
Fueron unos buenos minutos de vino, pero también de ese queso etiqueta roja, curado mezcla; que doy fe, nos engrasó bien el paladar, llenándolo de sugerente suavidad, con ese punto cremoso de la leche, afinado y untuoso, enviando sabrosas evocaciones vegetales, que homenajean a los veranos riojanos, largo en su expresión final, prolongando su percepción.
Leche pasteurizada de vaca, oveja y cabra,  con una curación mínima acreditada de ciento veinte días, y con ese fondo que puebla de sapidez y más que controlada acidez, nuestras papilas.
Recientemente galardonado en un concurso internacional celebrado en Wisconsin, su presencia marfileña con irregular reparto de ojos, le concede la prestancia necesaria para encandilar a cualquiera. Y es que recibir un premio entre tres mil quesos participantes y en uno de los estados de Norteamérica, en donde la economía depende más de la producción láctea, no es cualquier cosa.
Respecto al vino, un Finca Allende en edición de añada 2008, entró en paladar vírgen, pues para su cata era así preciso, y el queso llegó después. Nos la dieron con queso, pero en el buen y noble sentido de la palabra. La armonía entre vino y queso, no sólo es recomendable, es una bendición divina que nos llega desde la mano artesana del hombre a los sentidos, con dos productos plenos, compatibles guardando los tiempos y sugerentes en los modos y los fondos.
Tempranillo de Briones, parafraseando a Miguel Angel, que bien afirmó que él es viticultor no de Rioja, sí y ante todo de esa localidad, no por manías pasajeras ó rebeldías mal entendidas, sino por su creencia firma en que los suelos, las parcelas, las orientaciones y el viñedo en sí mismo es lo que logra ensalzar la calidad de un vino, por encima incluso de denominaciones.
Miguel Angel nos quiso dar una guía previa de cata, al menos en lo que al color se refiere, enamorado del paradigmático color negro de los vinos procedentes de Briones, oscuros, intensos, con un manto bruno, renegrido, pero con ese corazón apicotado que tanta prestancia logra otorgarle.
De cuarenta y dos hectáreas de viñedo en propiedad, con cepas que acreditan una edad media de treinta y ocho años asentadas sobre suelos arcillosos con gravas en profundidad, nacen los frutos que llegan a bodega, donde se acomete el despalillado y mediante remontados regulares que tienen lugar durante una maceración sobre hollejos de veinticuatro jornadas, se alcanza la magia, esa que Miguel Angel quiso traer a colación y que usó para alabar con sincera precisión a Rioja y a su realidad vitivinícola, reivindicando la dignificación de calidad pero también la mejora de la rentabilidad vitícola, afirmando que nos es lógico que quienes no la dignifican y autolimitan, tengan mayores cotas de rentabilidad que quienes sí lo hacen.
Mensaje para navegantes, con el que, ¿que quieren?, no sólo estoy de acuerdo al ciento por ciento, sino que además creo necesario tratar de modo urgente con luz y taquígrafos.
Maduración de trece meses en barricas de madera de roble francés y americano, aportando en copa parada ese punto cromático intenso y oscuro, con los brunos apicotados y los reflejos purpúreos bien pintados, nariz que envía recuerdos plenos de fruta roja y negra maduras, con destellos de sazonado, tostados suaves procedentes de la madera, un nitido punto especiado de pimienta negra, alguna seña licorosa no demasiado extendida y en el final del perfume despliegue de aromas minerales, tierra mojada.
La boca es sabrosa, plena de sapidez y guiños salinos, con buen balance de fruta y madera, acidez que se recrea en el avance, taninos marcados y golosos, estructurado, con volumen, la fruta siempre abriendo camino. Franca seña de persistencia, con la retronasal que habla de ciruelas rojas, grosellas y frambuesas, insinuaciones presentes ¿realidades futuras? de licorosidad y compota, algunas notas balsamicas menos halladas en la fase olfativa, cacao y pimienta, y en el epílogo una rutilante seña de mineralidad, que prolonga sus sensaciones, y que hace de la expresividad de este vino y esta añada, algo más que un invitado de piedra.
La magia de Rioja, fue por unos momentos, clave central en una reunión radiofónica de buena gente, periodistas, elaboradores y artistas, en torno a una mesa y unos micrófonos, con vino y queso, para recorrer un camino, en el que lo que vale es la sonrisa, la camaradería y las ganas de satisfacer a través del trabajo y el esfuerzo diario.
No me cabe duda que tanto Lácteos Martínez como Finca Allende reflejan con su dedicación y esmero, ese perfil. La pasión por el trabajo hasta llegar a la magia, esa magia que Miguel Angel De Gregorio quiso homenajear.

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