viernes, 9 de mayo de 2014

Gastronomía : Pastelería Ortiz - Huesca.







La pastelería de la ciudad aragonesa de Huesca tiene un especial brillo, una tradición que los maestros golmajeros de la localidad oscense mantienen viva en el presente, prestando buena atención a la historia y defendiendo con buen pulso artesano todas y cada una de sus deliciosas referencias.
Huesca Dulce, Dulce Huesca es algo más que un simple eslogan, es la viva defensa de una identidad gastronómica y repostera, que a través de la Asociación Provincial de Pastelerías de Huesca, sirve para proteger y hacer crecer esa identidad, ese tesoro del que la ciudad de la fuente de las musas se hace acreedora y que forma parte de su patrimonio culinario por legado y derecho propio.
Quiero agradecer cordialmente a los responsables de la Pastelería Ortiz, situada en el número tres de la calle Porches de Galicia, su desinteresado envío de muestras, dos dulces tocados por manos expertas, hornos plenos de tradición y el conocimiento traspasado de generación en generación, hasta nuestros días.
En un mundo como el actual, en donde cada vez tienen más difusión los productos alimenticios elaborados en serie, y en el caso que nos ocupa lo que algunos denominan bollería industrial, es una bendición de Dios encontrarse con repostería como la de Ortiz, en donde se entremezclan la intución del mimo profesional con la idea de la elaboración artesana.
Primero, las Castañas de Mazapán, una especie de trampantojo, con un crujiente cobertura de azúcar tostado y un interior sabroso, no exento de cierta textura cremosa, con el mazapán de almendra bien representado, en un dulce que según se documenta, existe en Huesca desde mediados del siglo diecinueve, cuando un obrador llamado Raimundo empezó a difundir su creación.
Segundo, las Glorias de Huesca, un sabroso hojaldre cubierto por un baño de yema de huevo y azúcar, al que se le da forma de rosquilla, y que tiene variantes en otras localizaciones de la geografía española, tales como las muy nombradas rosquillas de Alcalá.
Claro está que las que elabora el obrador de la oscense Pastelería Ortiz poseen el sello especial de la ternura, la suavidad, el equilibrio y esa sensación de que, al entrar en la boca, parecen fundirse, con el hojaldre suculento, acunando el paladar.
Ya lo saben, queridos lectores; si pasan por Huesca no dejen de visitar Pastelería Ortiz, que dentro de la Ruta Dulce de la ciudad, representa el buen hacer en lo que a tesoros de la pastelería oscense, aragonesa y española, se refiere.
Se lo recomiendo, mientras sigo deleitándome con castañas y glorias, benditas manos del obrador.

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