sábado, 31 de mayo de 2014

Bodegas Vivanco Crianza 2010.



Con la impresa decoración en la etiqueta de la obra Le Troubadour de Joan Miró, expresión del vínculo entre arte y vino que Vivanco siempre ha defendido a través de su amplia colección visitable en el Museo de su propiedad sito en la localidad riojalteña de Briones, se presenta este crianza en edición de añada 2010, un monovarietal de tempranillo, que acredita un tiempo de maduración de dieciseis meses en barricas de madera de roble francés y americano.
En uno de mis recientes paseos por la logroñesa calle Laurel, y en concreto en el bar Las Quejas, pude degustarlo, recién descorchado; y analizarlo.
En copa parada exhibe un color apicotado oscuro, con sensación de fluídez, y reflejos violáceos. Nariz que llega poblada de fruta roja madura, tostados y ahumados, algunos guiños balsámicos, y un leve tono que me ha recordado a sensaciones florales, no demasiado intensas, ó al menos no tan marcadas como el resto. No ofrece una complejidad demasiado intensa.
La boca es golosa en la entrada, mantiene cierto equilibrio en el avance, con media traza de acidez, siendo los taninos pulidos y medio golosos, con un perfil de vino de trago amable, sin excesos.
No es demasiado persistente, ni acredita una prolongación excesiva.
En la retronasal envía recuerdos de ciruelas rojas, vainilla, guiño débil de regaliz, con un punto de pétalos de rosas, y un final en donde la simpleza no evita la corrección.
En cualquier caso, no es un vino con prolongación ni excesos. Lo califico como recomendable.
Sencillo y fácil de beber, tal vez le pediría un punto más de sensación frutal.

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