sábado, 3 de mayo de 2014

Bodegas Urbina Gran Reserva 1994.



Un gran reserva de Rioja tiene ese punto que da prestigio a la denominación, esa galanura e hidalguía que los hacedores de vino riojanos saben lograr y de las que se sienten plenamente orgullosos, por tener el caché necesario para pasearse por el mundo, mostrando por derecho y trayectoria un nivel envidiable y sin duda, único, reconocido por los grandes apasionados de la cultura vitivinícola de todo el mundo.
En mi pasada reciente visita a Bodegas Urbina pude catar este gran reserva en edición de añada 1994, que desde su presencia en copa, hasta su fragancia y paso por boca, dejan clara señal de esas mencionadas circunstancias, tan riojanas y por supuesto, tan admirables.
Noventa por ciento de la casta tempranillo, acompasada por cinco por ciento de graciano e idéntica proporción de mazuelo, con veinticuatro meses acreditados de maduración en barricas de madera de roble francés y americano.
Copa parada mostrando un color apicotado rubídeo, con reflejos teja, buena limpieza y presencia.
La nariz deja testimonios de fruta roja madura y en compota, tiene un gran registro de perfumes complejos, anunciando especiados largos y bien desplegados, nuez moscada, canela y pimienta negra, con sensación de caja de puros, tostados y granos de café, algo de matorral de otoño, buena condición en su aporte de fragancia de ebanistería. En una segunda aproximación, descubro una evocación a mermelada de naranja, que se une a los tonos de fruta roja en compota, guindas al licor.
Presume de buen equilibrio en su balance de expresión olfativa.
La boca es intensa desde el arranque, avanza con esa hidalguía propia de los grandes reservas riojanos, sedoso y glicérico, esmerado en su aún viva punta de acidez, con la fruta lanzada en la llegada al paladar, taninos golosos y finos, magnífica seña de persistencia.
La retronasal habla de mermeladas y confituras de fruta roja, mismos destellos especiados que en nariz, con aportes de cuero, no presentes en vía nasal, caja de puros, granos de café, barnices y ebanistería, una ligera condición silvestre casi marchita, evocaciones de bosque otoñal, ciruelas rojas, cerezas y guindas, logrando un efecto final de sapidez que estira su condición pasados ya unos minutos después de su cata.
Uno de esos vinos en añada celestial, que todos los buenos amantes de este universo del vino debieran probar.
Lo califico como más que muy recomendable.

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