viernes, 30 de mayo de 2014

Bodegas Ochoa Finca Santa Cruz Tempranillo Crianza 2010




Mi agradecimiento a la familia Ochoa, y en concreto a Adriana, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus referencias, siendo este vino tinto crianza single vineyard en edición de añada 2010, la primera de ellas que he catado y que ahora me dispongo a comentar.
La Finca Santa Cruz es una propiedad localizada en Traibuenas, municipio situado en el margen derecho del río Aragón, con viñas asentadas en suelos de composición arcillo calcárea con aporte principal de margas, treinta y tres hectáreas de viñedo, doce de olivos de la varietal arbequina, y diez de pasto y cereal.
Monovarietal de tenpranillo que ha sido elaborado de modo conjunto por padre e hija, Javier y Adriana, una colaboración inter generacional que acredita el buen hacer de una de las familias vitivinícolas navarras con más presencia en esta fascinante cultura.
Acredita un buen proceso de maceración, veinte días con control de temperatura; y doce meses de maduración en barricas de madera de roble americano.
Color apicotado de buena intensidad y brillo, con reflejos purpúreos y violáceos suaves, dejando en nariz recuerdos plenos de fruta roja madura, dejando en segunda instancia sensaciones lácticas, especiadas, vainilla; y balsámicas, todas ellas en clave de actuación secundaria, siempre la fruta predominando. Tiene un perfume varietal lleno de franqueza.
La boca es golosa desde el arranque, con una buena balanza de dulzor y acidez, desplegando buen matiz de frescura, fluidez en el avance, taninos golosos y pulidos, armado en persistencia, buena extracción y equilibrio.
Se palpa la fruta en el paladar, es sabroso y deja una huella de sapidez que alarga su capacidad expresiva. Unos de esos vinos que, además; en su carnet de identidad lleva prendido un ejercicio secuestrador de carbono y materia orgánica, gracias a la implantación de cubiertas vegetales, con un aumento consiguiente de las condiciones naturales del suelo. Física, química y biología salen ganando y con ello tal y como anuncian desde estas bodegas navarras, con cada botella que sale a la luz, se elimina un kilogramo de Co2 de la atmósfera.
Retronasal que muestra evocaciones de cerezas y ciruelas japonesas, vainillas, ebanistería fina y algunos puntos lácticos menos pronunciados.
Edición especial, que tal y como muestra la original etiqueta, se ha comercializado con la colaboración de Truth As A Temple, proyecto diseñador que lleva al inglés expresiones típicas del castellano y que resuena gracias a unos dibujos la mar de salados.
Un vino, en fin; que califico como muy recomendable y que junto a la ferviente y jugosa fruta prende cierta sensación de incipiente confitura que se adivina sólo tras una segunda cata, y que en su conjunto me ha gustado y sobre todo, divertido. Hecho este que no siempre sucede cuando se cata y degusta un buen vino.
Un vino comercial, aunque no simple, porque los vinos comerciales no tienen siempre que serlo.
Tiene empaque, tiene concentración de la tempranillo y tiene eso que yo suelo calificar como esencia ó sustancia.
Se le nota el concepto de vino de parcela única.

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