miércoles, 14 de mayo de 2014

Bodegas Muga Cosecha 1968.




Segundo de los vinos catados en compañía de Jesús Madrazo, hace escasos días.
Primera añada en la historia de Bodegas Muga, que según me comentan desde la propia bodega acredita una fusión varietal de tempranillo, al setenta por ciento; con mazuelo, garnacha y graciano, en una proporción de entre el veinte y veinticinco por ciento, y viura, entre el cinco y el diez por ciento. Maduración en barricas de madera de roble americano, durante al menos treinta meses.
Un placer catar vinos como este, señorial, con un punto de reducción, debido al paso del tiempo y a la conservación de la botella; que logra un elogio hacia las viejas añadas de Rioja, un aplauso hacia una denominación historica aclamada por todos, representada por una bodega que a día de hoy es santo y seña del jarrero Barrio de la Estación, icono y lugar onírico, privilegiado diría yo; de cuantas localizaciones vitivinícolas se exhiben en el mundo.
Catar un vino de crianza de Rioja, de una añada como 1968 en pleno 2014, resulta además de placentero, quimérico, creánme.
Copa parada que exhibe un color teja con reflejos naranja y ligeramente castaños, nariz que exhibe algunos tonos de cuero limpio, con frutas rojas licorosas y frutos secos, matiz otoñal, débil punto micológico no distorsionador del conjunto, balsámico en clave anisada, especiados, clavo; algún guiño de piel de naranja, finalizando con los lógicos tonos de reducción, que como ya dije, quedan bien integrados.
La boca se abre con un balance de dulzor y acidez sorprendente, resulta longitudinal, amable, nada agresivo, con la oxidación presente aunque sugerente.  Es ligero en el paso, elegante en el caminar.
Persistencia no demasida larga, con la retronasal que abunda en guindas y ciruelas, en clave de licorosidad, piel de naranja, almendras, cuero animal, algunos barnices, inexistente el matiz micológico débil que existía en la fase olfativa, anisados y especiados, con la huella de la reducción de nuevo palpable, y otra vez integrada.
Vieja gloria con galones.
Como dijo Santiago Ramón y Cajal la gloria, en verdad, no es otra cosa que un olvido aplazado.
A través del olvido de unas botellas de esta cosecha 1968 de Bodegas Muga en un lugar indeterminado de Haro, hemos alcanzado la gloria, tras catarlas y gozar de toda su extensión de complejidad.
Califico esta añada 1968 y esta botella en concreto, entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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