jueves, 29 de mayo de 2014

Bodegas López de Heredia Viña Tondonia Cosecha de 1942.



Más gloria aún, bendición de Rioja, esta vez desde la senda de los vinos blancos, esos que en López de Heredia te conducen por los caminos de una propia y orgullosa personalidad, carácter de leyenda, pasado que alcanza al presente convirtiéndolo en testigo de un legado, el que los ascendientes de la cultura vitivinícola nos dejaron como herencia con su esfuerzo y tesón, mediante aquel trabajo en viña y bodega que hoy se destapa meciendo nuestros sentidos, logrando que durante la cata de vinos blancos de Rioja, como el que ocupa el protagonismo de la entrada de hoy en el blog; se encienda la mecha de la emoción, a través de la reflexión, motivando mil y una alabanzas, un millón de sensaciones.
Un Viña Tondonia blanco de la cosecha del año 1942 descorchado en pleno mes de Mayo de 2014 se recrea, se abre, da placer, engrandece la leyenda de una familia, de unos viñedos, de una bodega y su equipo humano y profesional, y sobre todo facilita la labor de empapar y contagiar a la gente de toda la fascinante grandeza que encierra y transmite la cultura vitivinícola.
Creánme, si el Viña Bosconia tinto de la cosecha 1947, comentado ayer en este blog; fue un vino fascinante, lo de este vino blanco alcanza e iguala con creces tal calificación.
Mencionando a María José López de Heredia traigo hasta estas líneas la argumentación que ella misma ha exteriorizado en más de una ocasión al ser preguntada por el secreto que encierran estos vinos eternos, legendarios, tesoros de la vitivinicultura. "No cambiar nada en 150 años, hacer las cosas como siempre se hicieron", religión de los López de Heredia, generación tras generación desde el principio de sus tiempos.
Y en este Viña Tondonia de la añada 1942, la viura se presenta galante, orgullosa y muy distinguida, para gloria de la propia bodega y de la denominación.
Con la maduración presumible en roble americano y ese suave aporte de la varietal malvasía que acompaña con delicadeza a la viura, este vino con sello de gran reserva, escenifica en copa parada un color ambarino, evolucionado en función de su elegante ancianidad, finos reflejos dorados y anaranjados, luminoso y con sensación óptica glicérica y brandy.
Nariz que se muestra recuerdos aromáticos de membrillo, cítricos confitados, manzana reineta, nuez moscada y un ligero guiño de canela y flores marchitas, punto otoñal que se muestra amplio y que deja en su retaguardia sensaciones de de frutos navideños acompotados. En una segunda aproximación prende una traza silvestre que se funde con tostados y ebanistería. Tiene un punto de jerez, de licorosidad, de doctrina vinosa aristocrática, recordando incluso y esa misma dirección de fragancia a su primo, el Rosado de López de Heredia, ese vino a veces tan complejo de entender, y en mi caso, al menos; tan celebrado.
Es un vino con perfume de reflexión, de una copa que tarda en vaciarse, que debe acompañarse de una buena melodía clásica y del fuego prendido en la chimenea del hogar. No es un vino para cualquier momento, sí para felices instantes de recogimiento. Déjemos complejos y miedos, la cultura del vino también merece aprendizaje y este Viña Tondonia blanco 1942, saboreado y disfrutado en Mayo de 2014, no alcanzará a cualquier bebedor por igual. No es cuestión de purismos y exclusivismos, sí de pasión, amor por los blancos antiguos, y de sobrepasar el concepto vulgar del consumidor de vinos fáciles, para llegar al maravilloso planeta de los que creemos que detrás de un vino de esta bodega del Barrio de la Estación, igual que los algunas pocas del mismo entorno; hay un pasado en el que personas, a veces desconocidas; lucharon con su esfuerzo y conocimiento, para que un día alguién como yo ó como Chus Madrazo, ó como cualquiera de ustedes, mis queridos lectores; años más tarde, puedan reverdecer los laureles de antaño, acercándolos al presente y dando forma a esa bendita leyenda, a esa tradición y a ese trabajo que retorna desde el pasado, alcanzando el presente y llenado nuestro futuro de inolvidables recuerdos de cata.
La boca es untuosa, glicérica, licorosa, añeja pero con la fruta presidiendo el avance y compartiendo con las expresiones de la madera que le ayudó a madurar, toda una experiencia.
Tiene aún la viveza de la acidez, que se despliega con suavidad y sutileza, añejando la boca pero al mismo tiempo dotándola de una sabrosa viura envejecida por el paso de los años.
Personalidad y carácter no le falta, expresión, equilibrio y persistencia tampoco.
El vino que sobrepasa el concepto mismo de vino, respetando el concepto, aunque elevándolo hasta la gloria. Retronasal que aporta manzana asada y compotada, licorosos tonos, con matices silvestres, especiados, con los cauces habituales del noble jerez de Rioja, tan presentes en muchos de los grandes vinos de la maison. Tostados y ebanistería, con algunos recuerdos de fondo de armario y baúl, resinas y barnices, hojas y flores secas, datiles y pasas, con una melosidad que fue y que dejó su sello ya caduco, y que en este presente llega marcando más señas que recuerdan al membrillo, junto a un punto de frutos secos y sabrosa sapidez.
Por momentos y con los ojos cerrados me ha recordado, salvando las distancias, a una copa de cognac, de brandy anciano de Jerez. Noble ambrosía.
Lástima de novela y de acompañamiento musical, que fallaron por simple cuestión de tiempo.
¿Que como lo califico?. Está claro : eterno, solemne, necesario e inolvidable por siempre jamás.
Más que muy recomendable.

2 comentarios:

  1. El vino de ayer era mayor que mi madre y el de hoy mayor que mi padre. Probablemente ninguna de las personas que ayudaron a crear este anciano vino de 72 años vive a día de hoy, pero unos pocos afortunados aún pueden deleitarse con su legado. Emocionante y maravilloso.

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  2. Alvaro, no es mayor que mi padre y mi madre, ambos por desgracia ya fallecidos. Pero el recuerdo y homenaje, como bien dices; a todos los que participaron desde la viña a la bodega en su elaboración es una parte de esa grandeza de esta cultura, que tanto tú como yo, tanto amamos. Un abrazo amigo.

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