jueves, 15 de mayo de 2014

Bodegas Federico Paternina Gran Reserva 1928.



Tercer vino de viejas añadas catado junto al enólogo Jesús Madrazo, hace pocas jornadas.
Composición mayoritaria de tempranillo, con un veinte por ciento aproximado que agrupa a garnacha, mazuelo y graciano, frutos seleccionados de diferentes parcelas de Rioja Alta, muchas de ellas propiedad de viticultores de la zona. Entre dieciocho y veinticuatro meses de tiempo reposando en depósitos de madera, para facultar la fermentación alcohólica, para proceder después al trasegado.
Maduración en barricas de madera de roble americano, mediando trasiegos manuales regulares.
Fue embotellado cuarenta años después de la cosecha a la que pertenece, a mediados de 1.968, de ahí que el estado de la etiqueta, al principio; deje espacio para el debate.
En copa parada muestra un gama cromática que abarca tonos ambarinos, castaños y teja, buen aspecto, con brillo y limpieza. La nariz despliega recuerdos de fruta roja madura, sotobosque, guiños silvestres, con un evidente punto de licorosidad, que se hace presente durante toda la fase aromática, con especiados en clave de pimienta y nuez moscada, terrosidad, aromas de tocador femenino, frutos secos, nueces y castañas; con una impronta de mineralidad bastante marcada, sin esquivar las sensaciones de reducción aunque integradas de buen modo en el conjunto, algún apéndice balsámico de menor marca, cacao y cueros.
Tiene una buena amplitud aromática, con recuersos de complejidad, siempre en clave de la legendaria Rioja.
La boca es sustanciosa, pero fluída. En cuanto a estructura es un vino pleno de sutileza, aunque se muestra rotundo en el alcance. Mantiene viva la condición de la fruta, algo pasificada ya, pero con las credenciales de la roja madura licorosa. Punta de acidez, que le permite insinuar la frescura, golosas distinciones en el avance, aprecio aún cierta tanicidad, aunque no sea en exceso concluyente.
Dinámico y sedoso, con media alta persistencia, enfocando en su retronasal sensaciones de tocador y misa, barnices, ahumados, con la fruta roja madura en clave licorosa, hierbas silvestres, tono algo marchito, balsámicos, especiados y frutos secos, me ha recordado al puré de castañas; en menor medida algunas señas de cuero.
No aparece el recuerdo del cacao que sí estaba presente en la vía aromática.
En el epílogo un cuadro de terrosa mineralidad.
Mérito indudable, vino con sutileza, hidalga vejez.
Lo califico en esta botella y en esta cosecha de 1.928 como muy recomendable.

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