jueves, 17 de abril de 2014

Viñedos Alonso del Yerro Añada 2010.



Mi sincero agradecimiento a los responsables de esta bodega de carácter familiar, amparada en dos denominaciones Ribera del Duero y Toro, por su colaboración desinteresada con este espacio de divulgación de la cultura vitivinícola, mediante el envio de esta muestra en edición de añada 2010.
Fundada en el año 2002, defiende en propiedad veintiseis hectáreas de viñedo, además del asesoramiento externo de Stéphane Derenoncourt y desde 2004 de la colaboración para las labores de campo y viñedo del también francés Claude Bourguignon, dos de esas personas cuya capacitación en este mundo está fuera de cualquier duda.
Hablarán luego algunos de marquismos, de esnobismos malsanos, pero la realidad es que sin conocer la bodega y sus vinos, la cata de la presente muestra me ha facilitado una más que buena sensación de fruta, equilibrio, volumen y prolongación. Cuatro patas de una mesa a la que a mi, cuando hablamos de vino, me entusiasma sentarme.
Monovarietal de tempranillo, con frutos vendimiados en parcelas de la propiedad localizadas a una altitud de entre ochocientos y ochocientos cuarenta metros, acreditando maceración y fermentado en depósitos de acero inoxidable, procesos que se extienden durante un periodo de entre veintitrés y veinticinco días, acometiendo remontados y bazuqueos regulares. Doce meses de maduración en barricas de madera de roble francés, dando como resultado un vino que en copa parada exhibe un color apicotado de buena intensidad, reflejos violáceos.
La nariz envía recuerdos de fruta roja y negra maduras, con especiados y balsámicos en segunda instancia, dejando en el perímetro un punto de salinidad con fresca fragancia mineral. Agito y le concedo una segunda aproximación, ya que el vino me está encandilando. A la fruta roja y negra madura y con una débil seña de confitura, se le añaden detalles de matorral de sotobosque, algunos especiados y lácticos, matices florales menos intensos, y de nuevo en el perímetro del perfume esa magna seña de salinidad mineral.
La boca hace gozar al catador y por supuesto al bebedor, es profunda, densa, concentrada en cuanto a un sabroso y jugoso punto de fruta, te hace salivar y una copa lleva a otra, buena traza de acidez, con los taninos marcados pero acompasados, volumen y muy buena seña de persistencia.
La retronasal aparece marcada por recuerdos de cerezas y arándanos, frambuesas y moras, con vainilla y seña de cremosidad, violetas, algún apunte de cacao menos intenso, casi intuído; regaliz y un epílogo fresco, mineral, en donde ese punto de salinidad prolonga la expresión del vino, dándole una longitud muy considerable.
Me ha encantado.
Lo califico en esta añada 2010 como más que muy recomendable.


No hay comentarios:

Publicar un comentario