viernes, 11 de abril de 2014

La Bodega de Alboloduy Colección Cristina Calvache Syrah 2008.




labodegadealboloduy.com

Escribir sobre los vinos de esta bodega en la que la familia Calvache ha puesto pasión y trabajo, es siempre un auténtico y sincero honor. Es una lástima, se lo he dicho a Francisco Calvache en alguna ocasión; que me separen unos cuantos kilómetros de esos bellos parajes naturales almerienses, con los viñedos localizados a mil metros de altitud, ya que, creánme; una de mis predilectas asignaturas pendientes a realizar, consiste precisamente en conocerlos in situ. Querer es poder, y en efecto, algún día cargaré mis bartulos de catador y escritor y me dejaré caer por aquellas latitudes. Creo que el proyecto vivo de Francisco y de su hija, la enóloga Cristina Calvache, merecen el esfuerzo de quebrar la distancia, pisando el acelerador.
De este monovarietal de syrah, que ya tuve la suerte de catar en alguna añada anterior; puedo manifestar que deja claro, en cata; su concepto de vino mediterráneo, acreditando un periodo de maduración de doce meses en barricas de madera de roble francés, amplificado en su presente por síntomas inconfundibles de buena lozanía, con la franqueza varietal bien desplegada, mostrando en copa parada un color apicotado intenso con reflejos violáceos. La nariz deja señales claras de fruta roja madura, algunos detalles de segunda instancia que resaltan fragancias de flores rojas y violetas, especiados menos marcados, con balsámicos y tostados suaves, finalizando con un buen punto mineral, que recuerda a lo suelos de composición arenisca, caliza y marga, en donde se asientan las cepas que conceden a los Calvache la fruta madre.
La boca comienza rotunda, un tanto crepitante en cuanto a frescura, meciéndonos en su avance con la seña inconfundible de la fruta, desplegando volumen y buena concentración, manifestando una tanicidad golosa y pulida, ejercitando el paladar gracias a su delirante juventud. Un delirio que conjuga matices frutales, florales y silvestres, dando paso en la retronasal a ciruelas rojas y cerezas, grosellas; con algún atisbo de pimienta negra y tostados, regaliz y alguna nota cremosa menos intensa, percibiendo en su epílogo esa nota sensata y muy sugerente de mineralidad, que alarga las sensaciones del vino en boca.
Altitud no sólo geográfica, también de miras. La syrah de Alboloduy tiene vigor, se muestra diría que incluso salvaje y potente, pero ante todo deja a las claras que tras ella se esconde una acertado criterio de campo y bodega.
Mi calificación para esta añada 2008, entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Con un periodo de entre tres meses y medio año más de guarda en botella, su progresión será óptima.
Como siempre, mi agradecimiento sincero a Francisco y Cristina, por su desinteresada colaboración con mi proyecto divulgador de la cultura vitivinícola.

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