domingo, 6 de abril de 2014

Ejemplo a no seguir y ejemplo a seguir.


Hay ocasiones en las que ejemplos como el de la empresa familiar charcutera Casa Sendra debieran de servir para que los ciudadanos, los electores, en fin los contribuyentes y votantes, nos levantasemos de nuestros mullidos asientos y clamaramos venganza contra la injusticia.
Vean ustedes, a una familia que lleva a sus espaldas toda una vida y una tradición inter generacional, dedicada a la elaboración artesanal de longanizas, salchichones y fuet de Vic, no sólo no se le da un homenaje público, sino que a su obsesión por la elaboración artesanal, saludable y sin patadas a la carne que da forma al producto final, se le da un golpe letal. Todo ello en base a criterios políticos, a normas torticeras surgidas de alguna de esas mentes retorcidas y burócratas que sin tener idea de gastronomía y salud, dedicen un día incorporar a la normativa de una IGP una serie de ingredientes que alteran el orden establecido, la leyenda de la llonganisa de Vic.
Pau Arboix decidió no pasar por el aro, ese por el que algunos sí pasaron, y manteniendo su criterio de sólo carne, pimienta y sal, ha logrado que los que mandan le sancionen con treinta mil euros y le condenen a un inevitable cierre de su taller orfebre de salchichones.
A veces da la sensación de que nuestros bisabuelos, abuelos y padres han comido materia desechable, prohibida, insalubre, poco recomendable para la salud, hasta que al final llegaron los comisionados europeos de la alimentación, en este caso acompañados por los responsables de la Generalitat catalana; para salvarnos la vida y librarnos de esa presunta tradición culinaria tóxica y nociva.
Les aseguro que hace muchos años comí por vez primera algunos de los productos de Casa Sendra, y que para mi son, probablemente; unos de lo mejores de cuantos pululan por el mercado de la legendaria xarcutería y cansaladería catalana. Les puedo asegurar que una IGP de la llonganisa de Vic, en donde se rompa la tradición, la leyenda de estos productos; es para mi, ya de entrada, un craso error de personalidad, un desafio al buen gusto y hasta una tragedia para quienes creemos que lo artesano, lo histórico y tradicional en cuanto a recetas; tiene el mismo valor que un tesoro.
Pau Arboix se ha convertido para mi en un héroe, en un ejemplo a seguir, muy diferente de quienes han pasado por el aro de la burocracia, de la procelosa manía de marcar normativas alimentarias paridas en despachos en donde la materia gris no abunda.
Es preciso, necesario; que a Casa Sendra se le levante un monumento en su Vic natal, esa población catalana en donde los embutidos son casi religión. Un monumento que premie su bendita obsesión por la defensa de la artesanía y que tenga un único camino : la revisión de la normativa de esa IGP y desde luego la rehabilitación de Casa Sendra y su vuelta al mundo maravilloso de las llonganisas y los fuet.
El ejemplo a seguir, el de Pau Arboix; y el ejemplo a evitar, el de los tecnócratas aburridos e ignorantes que se dedican a cambiar lo invariable para desgracia de nuestra cultura gastronómica.
Defender los intereses de personajes como Pau Arboix es defender nuestra cultura, nuestra historia y nuestra propia identidad, algo que al parecer, algunos que para otras cuestiones patrióticas sacan mucho pecho, en este supuesto y en otros similares, no están dispuestos a entender.

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