sábado, 12 de abril de 2014

Buena.



Hay circunstancias en las que el buenismo deja escapar un especial tufo a interés.
Por el interés, te quiero Andrés, y pase lo que pase, todo es bueno, bonito y barato. La calificación que el Consejo Regulador de Origen Rioja lanzó ayer a todos los puntos cardinales, y que definía la añada 2013 como "buena", no resulta criticable, ni siquiera debatible, si los técnicos de grado del citado organismo consideran que en los diferentes viñedos de la comunidad, la vendimia ha dado señales de esa condición, a los que entendemos menos que ellos de esto, sólo nos queda oir, catar y escribir, que no callar. Cierto es que la viña de Rioja es demasiado grande y variada, para realizar un juicio justo de valor sobre las condiciones de la vendimia pasada, un juicio medio que valore las condiciones de Rioja Alta, Rioja Baja y Rioja Alavesa, a la par que los microclimas de estos tres enclaves geográficos, que los hay; y que agitando como cocktail al uso nos de un resultado sumando las características de todos los factores.
Cierto es que los enólogos de Rioja son en su mayoría lo suficientemente buenos como para lograr darle la vuelta a una uva sin el nivel y grado de maduración buscado, ó al de uvas que demuestren todo lo contrario. Conozco a muchos de ellos, y me consta que su mimo, dedicación y sobre todo, profesionalidad, están a salvo de toda duda.
Pero como conocer conozco a más de los que la gente cree, me consta que esta añada 2013 ha tenido unas condiciones de vendimia épicas, casi heroícas; que en muchos casos ha tenido que descartarse uva y racimo, y que a mi al menos, ninguno de ellos me ha defendido que su vendimia haya sido para echar cohetes. Tal vez algunos de la Rioja Oriental hayan admitido que en aquellos parajes, la cosecha no ha tenido los niveles de heroismo vendimiador y selectivo que han tenido lugar en la Rioja Occidental. En cualquier caso, los milagros casi no existen,  y salvo que Nuestra Señora de Valvanera, y las Vírgenes de Nieva y La Vega hayan descendido sus mantos ese año 2013 y yo no me haya enterado todavía, al parecer el vino se hace en el viñedo, lo cuál pone en la picota ese recurso facilón y algo pelota que ha dado el Consejo Regulador en el sentido de que ante una añada plena de complicaciones, los enólogos convierten en bodega, los panes en peces.
Siempre he defendido el concepto añada mítica, centrada por ejemplo en cosechas como la de 1964 ó 1981, que el Consejo Regulador definió como excelentes.
Pero nunca, y repito nunca; he estado de acuerdo con el resto de calificativos. Creo que es de sabios progresar, y que tal vez esos conceptos mercantilistas que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja emplea por debajo del concepto "mítico", para ellos excelente; sobran y no sirven a día de hoy sino para confundir al público y recibir más críticas destructivas que constructivas.
Valorar una añada mítica, legendaria; como tal, supone reconocer para alborozo del público, que en La Rioja ese año las condiciones generales han llegado a la excelencia.
Más abajo existe la normalidad, y en ambos casos el trabajo sin desmayo de enólogos y bodegas en aras, no ya de la venta; sino del presente y futuro del vino
Emitir comunicados que valoren las cosechas como muy buena, buena, regular, deficiente; es una osadía, ya que en muchos casos y dependiendo de la zona de Rioja en donde hayan amanecido los frutos vendimiados, la misma añada para vinos de bodegas diferentes puede ser tan variable como diversa. He catado vinos de supuestas añadas ¨regulares¨, que magnificaban el apelativo Rioja, y vinos de añadas ¨muy buenas¨ que me han dejado igual que antes de mojar mis labios con el vino.
No creo en la generalidad, menos en un mundo como es este del vino, en el que los detalles tienen más importancia de lo que la gente cree.
No creo en los usos y costumbres que demuestran tener un presente caduco, sin que la gente, en general; los valore en su justa medida y en el objetivo que, en realidad, buscan.
Para vender vino de Rioja, no es preciso juzgar las añadas desde los despachos. Las añadas las valora primero el hombre de campo, después el enólogo, y por supuesto, más allá de estos, el consumidor final. Dudo de que en una supuesta cata ciega, haya mucha gente capaz de distinguir añadas regulares de Rioja de las que no lo son.
Menos aún con vinos de mismas añadas y diferentes bodegas.
Sin embargo, tengo claro que si hay gente capaz, en idéntica cata ciega, de distinguir la excelencia, esa añada "mítica"; de la normalidad.
La excelencia en el vino no es sólo virtud, es parte inevitable de su expresión.
Por eso, y si por quien esto escribe fuera, haría desaparecer a partir de la próxima vendimia 2014, esa tabla de calificaciones con la que el Consejo Regulador Rioja nos premia todos los años. Crearía sólo el término Añada Mítica, para descubrir al consumidor que la leyenda ha comenzado.
El resto forma parte de una literatura que a día de hoy sólo convence a quienes mantienen la máxima de que todos los vinos son iguales, y que lo mismo da graciano que mazuelo, con tal de que la compañía sea agradable. Y creánme, a veces, ni siquiera a ellos.
Y yo, a seguir catando, sea cuál sea la añada que me pongan delante, los truenos que hayan sonado ese año, y los corzos que hayan bajado del monte dispuestos a sisar los frutos que forman los racimos.
Al final, los calificativos sirven sólo de guía cuando convencen al que los recibe, no cuando el que los emite pretende con ellos juzgar lo injuzgable.
Siempre nos quedarán las míticas añadas de Rioja, y por encima de ellas el duro trabajo del viñedo, la profesionalidad de los enólogos y el esfuerzo de las gentes de bodega.

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