sábado, 1 de marzo de 2014

Visita a Cansaladería Alsina en Sants (Barcelona).









Conocer a Jordi Joan Alsina i Canudas no es sólo un orgullo para alguien que como yo tiene por tradición familiar un profundo apego y pasión por la cultura gastronómica catalana, sino que además implica un sincero respeto hacia un artesano charcutero, un hombre que vive con deleite íntimo todo lo que tiene que ver con la culinaria catalana y con la buena educación alimentaria. Y es que Jordi Joan, no es sólo un afinado cansalader, sino que además guarda con sincera modestia una inmensa cultura, como nutricionista, folklorista y defensor de la manufactura artesanal.
Mi primer contacto con Jordi fue hace ya muchos años, me comenta él que casi treinta; cuando a través del teléfono le pedí desde mi Bilbao natal la primera partida de embutidos, fuet, espetec, collarets de San Jordi, bull, llonganissa y por supuesto una selección de la amplia gama de botifarras que él mismo elabora en su taller de obrador.
Desde el primer pedido, mi difunto padre, catalán y buen degustador de estos embutidos catalanes, me certificó que la elección había sido óptima. Yo mismo, que para algo tengo gusto; lo corroboré.
Y nuestra relación se fue reproduciendo con regularidad en el tiempo. Esas obras maestras procedentes del barcelonés barrio de Sants iban llegando a mi casa, cada vez que nuestra despensa se iba vaciando de ellas.
Siempre había tenido pendiente conocer en persona a Jordi, y durante mi reciente viaje a Barcelona, en compañía de mi mujer; pude ver cumplida esa asignatura que se había aplazado en el tiempo, sólo por aquello de que antes es la obligación que la devoción.
Fue todo un reencuentro con mis raíces, desde que crucé el umbral de la puerta de entrada al establecimiento que mi amigo Jordi regenta en el número veintinueve de la calle Canalejas. Como bien afirma él mismo, su tocinería es también un centro social. Allí me fue enseñando sus tesoros, que comparte con orgullo con los que le visitan. Desde un tablero con herramientas históricas de matarife y charcutero, entre ellas una inventada por su abuelo, a una vieja y ya apartada caldera de hierro, pieza única que cumple con los requisitos de un auténtico museo del sector.
De Jordi, durante todos estos años he aprendido a valorar la materia prima, los alimentos artesanales, lo que cunde la pasión y el cariño cuando hablamos de gastronomía, la sabrosa riqueza de la historia, la admiración hacia los productos de la tierra. Pero también aprendí, gracias a los boletines escritos de su puño y letra que me mandaba junto a los pedidos de embutidos, unos cuantos capítulos de las tradiciones de Catalunya, aquellas con las que mi padre y yo pasabamos buenos momentos de lectura.
Jordi Joan es un artesano cansalader de esos que ya no abundan, que te hacen diferenciar un embutido elaborado a mano, de otro industrial.
Nieto del fundador de la primera escuela de formación taurina catalana, no disimula su pasión por la tauromaquía. Jordi me habla de los casteller, de la ganadería catalana de montaña, de la escudella, de los calçots, con los que también elabora una sabrosa botifarra; y de su barrio querido y de su casa natal, situada justo encima del establecimiento.
Sus abuelos y sus padres le enseñaron a amar su trabajo, esa rutina diaria que él transforma en amor por lo que hace, y créanme que probando esas llonganissas y esas botifarras, se nota.
Me emplaza Jordi a visitar algún día en su compañía, el legendario y muy barcelonés Mercado de la Boquería, en donde sus ancestros sentaron el blasón familiar con muchas horas de dedicación y trabajo, y lugar que él conoce como la palma de su mano. Habrá tiempo para realizar esa visita, que desde luego ya he apuntado en mi agenda mental.
En este blog suelo recomendar vinos y productos de alimentación, en mayor y menor medida, en base a mi criterio personal. En el caso de la Cansaladería Alsina, no es una simple recomendación.
Visitar a Jordi Joan para adquirir cualquiera de sus referencias es entrar en un referente de las tradiciones y el costumbrismo catalán, además de conocer a un hombre afable, ameno, con más que interesante conversación, que transmite cultura en clave de pasado, presente y futuro.
Y cuando vayan a comprar, dejense asesorar por él. En esta cansaladería, es la mejor opción.
Aunque yo que ustedes no dejaría pasar la oportunidad de probar la botifarra de huevo, que Jordi recuperó de la tradición gastronómica catalana en el año 1978, ya que se había perdido; elaborando unas cuantas para acudir bien armado a una emisión radiofónica a la que acudía como invitado, la llonganissa de Sants, majestuosa; y los bull blanc. De todos sus productos, siempre geniales; mis tres predilectos.
Gràcies amic Jordi per tot el que fas, ens veurem aviat...

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