martes, 11 de marzo de 2014

Visita a Bodegas López de Heredia (II).




En la segunda parte de la visita a López de Heredia, mis acompañantes y yo pudimos catar dos referencias del dominio vitivinícola, el Blanco Reserva en edición de añada 1.999 y el Tinto también Reserva en edición de añada 2002, ambos con la etiqueta Viña Tondonia.
Mercedes al mando, en una cata que dejó bien clara la personalidad y el carácter de la maison, vinos dotados de ese punto de hidalga conjunción entre fruta y madera, rebosantes de complejidad, para ser catados y admirados no al instante después del descorche, sino con el paso de los segundos y los minutos, encajando eso sí, desde el momento inicial, toda la suerte de expresiones que surgen y que llenan ojos, nariz y boca de una amplia colección de evocaciones y sugerencias.
En lo que respecta al Viña Tondonia Blanco Reserva 1.999, estamos delante de una conjunción varietal de viura, casta blanca de Rioja por y con excelencia, que Mercedes reivindica y que como en algún otro caso ya referido por mi en otras entradas de este mismo blog, ella asegura ha sido maltratada históricamente por muchos, siendo falso que no resulte tan expresiva y bien dotada como otras; y malvasía, esta en un diez por ciento para dotar al vino de buen color y un punto de dulzor muy sugerente. Frutos procedentes de la legendaria finca Viña Tondonia, con el Ebro meciéndola; acreditado un periodo de maduración de seis años en barricas de madera de roble, esculpidas en la tonelería de la bodega. Contempla dos trasiegos por año y se clarifica con clara de huevo fresco, antes de proceder a su embotellado.
En copa parada muestra un limpio color amarillo dorado, de buena intensidad y cromatismo.
La nariz advierte recuerdos ahumados en el inicio, con una presencia de reciente embotellado, abriendo tras agitar la copa brevemente a una buena galería de complejidad, en donde se perciben sensaciones de cúrcuma, fruta cítrica en escarcha, especiados dulces, flores amarillas y ebanistería.
Presenta aún cierta lozanía, dentro del carácter de los blancos Tondonia, y es un vino que en botella progresará hacia latitudes mucho más marcadas en melosidad, frutos secos y navideños, acompotados, membrillo y anisados.
La boca es elegante desde la entrada, con buen equilibrio, marcando las señas de la madera que le ha dado cobertura, encandilante punto de untuosidad, firme en el avance, dando una buena traza de acidez, recuerdos de los vinos de Jerez con ese guiño que nunca falta en los vinos de López de Heredia, aportando volumen y envolvencia. La retronasal abunda en piel de limón confitada, vainilla, flores y hierbas silvestres, matiz de cremosidad, algunas insinuaciones balsámicas ligeras, continuación con ebanistería y un guilo de albaricoque no demasiado intenso, que aparece confirmando la buena presencia de fruta.
Escenifica con claridad el sello de la casa, y leyendo entre líneas, creo que será un vino, que mediando un plazo adicional de guarda responsable en botella, evolucionará hacia lineas de mayor complejidad de la que ya demuestra en el presente.
De momento, lo califico en esta añada 1.999 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Los blancos de Tondonia siempre me resultan, y no exagero; una experiencia religiosa. Me consta que no soy el único que así lo siente.
Con relación al Viña Tondonia Tinto Reserva 2.002, está basado en una conjunción varietal de las castas tempranillo, al setenta y cinco por ciento; con aportes de garnacha, quince por ciento; y mazuelo y graciano, el diez por ciento restante.
Acredita seis años de estancia en barricas de madera de roble, con dos trasiegos por año.
Vino que en copa parada muestra un color rojo picota, con matices grana e insinuaciones rubídeas, destapando una cromática limpia y de notable intensidad. Aporta sutileza desde su primaria contemplación. La aproximación de inicio a nariz deja claro que el vino debe evolucionar más en botella hasta alcanzar la personalidad de los vinos López de Heredia, pero ya comienza a aportar intenciones en ese sentido, que se terminan advirtiendo tras unos minutos de agitar la copa y paciente espera. En cualquier caso, acredita un buen equilibrio, con la fruta marcada y los símbolos de la madera bien detallados, evocando fruta roja madura en sazón, especiados de amplia gama, algunas muestras de confitura aún en menor condición, no contemplo aún aportes terciarios a considerar.
Arranque en boca dando buena cuenta de la fruta, algo especiada y sazonada, con la traza de acidez muy larga y fresca, dejando sello de viveza y nervio, con los taninos golosos y pulidos, buena persistencia y volumen, fluído y sedoso, abrazando al paladar. La retronasal aparece cristalina, ciruelas rojas y cerezas, con vainillas y nuez moscada en segunda instancia, dejando para el final sabrosas notas de flores rojas, puntos ahumados y herbáceos en menor intención, con una evocación débil a granos de café, que cierra el espectáculo.
Buena añada esta correspondiente al Reserva 2.002 que califico como muy recomendable, en espera de un tiempo adicional de guarda responsable en botella, tras del que, podrá escalar más peldaños camino de la gloria vinosa.
Sólo me queda agradecer a Mercedes López de Heredia su atención con nosotros, y trasladarle mi intención de seguir visitando ese templo de Rioja, que tanto aprecio y sin duda, valoro, al igual que lo hicieron y lo harán todos mis acompañantes durante la visita del pasado sábado.


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