martes, 11 de marzo de 2014

Visita a Bodegas López de Heredia (I).














No es la primera vez, ni por supuesto será la última; que uno tiene la suerte de visitar Viña Tondonia, Bodegas López de Heredia; apoyado en el recorrido por la cordial pasión de Mercedes, sangre de la sangre de una familia cuya trayectoria más que centenaria merece un apartado refulgente en la historia de la denominación Rioja. En esta ocasión, mencioné a nuestra anfitriona que haciendo uso de la memoria, era la octava ó novena vez que les visitaba; estuve acompañado de mi esposa Ana y de mi suegro Jesús Cuevas Villoslada, además de Alberto Barquín, gerente de Conservas Vegetales Picuezo, una empresa también familiar de Rioja que pronto alcanzará su propio centenario; y de dos argentinos enamorados del vino de Rioja, Lucas y Claudio.
La visita tuvo dos partes diferenciadas, el magnífico paseo con la piedra y la madera por testigos de excepción, contemplando en silencio a los visitantes y compartiendo con ellos el lujo del tiempo, ese que en López de Heredia luce con brillo propio, desde que Don Rafael López de Heredia y Landeta decidiera iniciar los trabajos para alumbrar una de las más míticas bodegas de Haro, y por ende de Rioja, a finales del siglo XIX.
Mercedes nos habla con orgullo de una propia filosofía en cuanto a la elaboración, se emociona cuando habla de sus ancestros y de Don Pedro, su padre fallecido recientemente; selección y amor, dos palabras que definen y nos aproximan aún más a la mística de la personalidad de Rioja, de los vinos finos de esta denominación y de la tradición, que esta familia no define como inmovilismo ó estancamiento, sino como concepto pleno de dinamismo amparado por unos valores y criterios que cargados de personalidad, sobreviven a los devaneos de las modas pasajeras. En López de Heredia estiman la crítica positiva, y valoran la profesionalidad y la ética, como valores que van unidos al trabajo diario bien hecho.
Y además la paciencia, como bien señala Mercedes, esa paciencia que con el soporte de duelas, barricas y cubas, hace que los vinos de López de Heredia tengan ese plus que los convierten en únicos, en legendarios, en un valor con propia personalidad y marcado carácter.
Mercedes destaca la tonelería de Viña Tondonia, como elemento importante dentro de la elaboración, ese aroma a fina madera que invade las amplias galerías de barricas de las que disponen, la roca madre que fundamenta la estructura de los calados, la uva y el viñedo como almas del vino, el proceso de fermentación tranquila, la maloláctica; la salida natural al Ebro, uno de los simbolos, paraíso; de la bodega, los botelleros que en silencio mantienen esa paz de los vinos, que envejecen con hidalguía, la majestuosa condición de añadas eternas abiertas en el presente para hacer gozar los sentidos, la finura y sutileza de unos vinos, blancos y tintos, y no me olvido del rosado; que no te dejan indiferente, que son religión de Rioja, hijos de una filosofía centenaria, que a ojo de buen cubero, pasará de generación en generación, para ilustrar comidas, para enaltecer espíritus y para hacer que los que disfrutamos con el vino, podamos volar siempre un poco más alto, valorando complejidad, vinosidad y esa sensación tan intemporal que le entra a uno cada vez que tiene delante cualquiera de los vinos de López de Heredia.
De las telarañas surgen lingotes de oro, de oro vinoso, de la leyenda nace la gloria.
Y es esa gloria la que conduce a esta bodega riojana a ocupar un espacio en el alma del vino, ese ente imaginario que los que llevamos dentro el espíritu del viñedo y el vino de Rioja, manejamos con el carácter que desprende la personalidad varietal y legendaria de una región que hizo, hace y hará del vino algo más que un alimento.
Mis compañeros de visita gozaron con lo que fueron viendo, tanto ó más que yo; porque, y se lo dije a Mercedes; visitar este templo del vino de Rioja, calificativo que usé para transmitir a mis acompañantes un adelanto de lo que iban a ver, siempre es una auténtica lección. Lección de historia, de patrimonio cultural, pero también de vitivinicultura.
El legado de Don Rafael sigue vivo, y tiene en María José, Mercedes y Julio César, a tres firmes defensores, que con su dedicación no sólo definen una continuidad, sino que logran que todos los amantes apasionados de esta cultura, nos sumemos a defender, proteger, valorar y divulgar su filosofía, que aunque para algunos sea incomprendida, para quienes llevamos muy dentro el vino de Rioja, es un tesoro sin precio, un dogma cuyo testigo llevamos en la mano y en el corazón.
Mis acompañantes de La Docta argentina, me consta; salieron con un punto de emoción, con el testigo que a buen seguro sabrán divulgar en su querido país a todos aquellos que aman el vino, y en Argentina no son pocos.
Para mi una ducha más de cultura y sobre todo el íntimo orgullo de poder compartir con mis compañeros de recorrido sabatino por López de Heredia, este patrimonio que Mercedes tan bien pudo transmitirnos.
Nos despedimos con la sonrisa en los labios que deja la sensación de haber estado, durante unos cuantos minutos, tan cerca de la historia y tan próximos a esa mística que una bodega como esta es capaz de transmitir. Volveremos, seguro que sí.

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