viernes, 7 de marzo de 2014

Cada vez que te emborrachas...


No es que me guste escribir atacando a quienes de un modo honesto y franco pretenden influir de modo positivo en las costumbres nocivas de la gente. Ni siquiera lo pretendo en esta ocasión. Pero es que a veces hasta de buena fe, hay espacio para lo que yo considero, hablando claro y con sinceridad; un craso error de comunicación con buenos objetivos, pero escasos mimbres.
La campaña que lanzó hace unos meses la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, ya el nombre de la agrupación merece todo mi respeto; me parece insuficiente y desde luego un tanto floja en cuanto al eslogan que la anuncia en los medios.
Cada vez que te emborrachas, te vuelves un poco más tonto.
Es evidente, y a estas alturas no haría falta ni que lo diga; que no estoy a favor del consumo irresponsable y convulsivo de alcohol, se llame vino, cerveza, ginebra ó cualquiera de las bebidas que tienen una proporción de ese componente.
En lo que ya no estoy tan de acuerdo, lo dije, lo digo y lo diré; es en esa suerte de banales mensajes que inundan los medios y que suelen surgir de fundaciones como la mencionada, e incluso de ministerios encargados de la salud pública y de eso que algunos denominan decencia, carente de docencia;  desde posiciones de purismo moral, no siempre basadas en la franqueza, sino más bien en estadísticas, excesos religiosos y también hipocresías como la de recaudar impuestos a través de la venta de tabaco y alcohol, para luego estar prohibiendo todo el día su consumo en públicos emplazamientos, llegando al delirio de meternos hasta en la sopa, la idea de que los bebedores y fumadores somos la peor lacra social que un estado de derecho tiene que soportar.
Lo de volverse un poco más tonto, responde según un portavoz de la FAD,  a la búsqueda a través del humor, de una reflexión por parte de la juventud sobre el aspecto nocivo del consumo abusivo de las bebidas alcohólicas.
Mi gran duda no está en el hecho demostrado de que emborracharse afecte a un cerebro en desarrollo, tampoco en los efectos nocivos de cualquier consumo de drogas. Mi gran duda y esa me preocupa de un modo especial, consiste en meter en el mismo saco consumo responsable e irresponsable, en no ser capaces de educar a las nuevas generaciones en las virtudes de la cultura vitivinícola y de las bebidas espirituosas y aguardientes, en que parece como que la pretensión puritana reside en asustar en lugar de educar. La expresión volverse un poco más tonto es insuficiente, y hasta, dicho desde el respeto, un tanto relamida y cursi. En efecto, no hay que beberse la vida, hay que disfrutarla, pero la longevidad y la salud dependen también de la calidad de vida y la felicidad, y mostrarse en público como un empedernido moralista atacando el buen y aceptable consumo de bebidas alcohólicas, sin dar a cambio la alternativa de todas las virtudes que puede tener, incluso para la salud; no olvidemos que el vino es un alimento; es como predicar en el desierto con un embudo en la cabeza y una túnica de presunto buen samaritano. Para atacar de raíz un problema como es el alcoholismo en la juventud, en España el consumo de alcohol entre los jovenes tiene unos porcentajes preocupantes al alza; es preciso y necesario influir en pro del consumo responsable, no con mensajes más ó menos torticeros, que me consta que en la mayor parte de los casos sólo producen hilaridad en quienes cometen el error de cargarse de alcohol; sino con una educación de base, que fomente las buenas maneras, las consecuencias claras y precisas de un mal uso, (también uno puede volverse tonto en un pais como este, en el que los sucesivos padres de la patria no se han puesto, tras años de Democracia; de acuerdo en consensuar una necesaria e incomprensiblemente inexistente Ley de Educación que no cambie cuando cambia el inquilino de La Moncloa), el desarrollo perceptivo y sensorial que motiva un ejercicio de cata y análisis organoléptico, la grandeza de la cultura que se esconde tras la elaboración de un vino, una cerveza ó una ginebra, el espacio en nuestra historia y civilización que ocupan productos como los mencionados. Que cada vez que salgan a la palestra el vino y el resto de las bebidas alcohólicas se hable y escriba de ellas con calificativos de alta negatividad, no es justo. Menos aún cuando lo que más parece preocupar a algunos es que nos volvamos tontos bebiendo. Personalmente, y a mis cuarenta y ocho años, aún tengo mucho que aprender; me he ido volviendo más tonto por influencias puritanas de las muchas que siguen abundando en nuestra sociedad, que por beber de modo responsable. Ahí es donde hay que ejercitar nuestra influencia de adultos, y no en estar todo el santo día insistiendo en los mismos tópicos.
Creo que en el problema del alcoholismo en la juventud sobran los tópicos, y faltan altas dosis de iniciativas e imaginación, para tratar el tema con la pretendida efectividad.
Huir de la realidad no es el medio más adecuado para enfrentarla. Quien se emborracha, no ha recibido una lustrosa educación, al menos en ese sentido, en el de la responsabilidad y el respeto hacia si mismo, y a hacia los demás. Su principal problema no es volverse tonto, sino aprender a atender a razones, y sobre todo una clara dejación de responsabilidad por parte de algunos padres y tutores, que ni siquiera conocen las aventuras extra sensoriales de sus hijos, ó prefieren, como he podido conocer a estas alturas; no intentar evitar lo que ellos consideran inevitable.
No sigamos haciendo el tonto. Dicho siempre desde el más sincero respeto.
La buena educación en el consumo de bebidas alcohólicas se enseña desde muy temprana edad, no convirtiendo en tabú, lo que no es sino un patrimonio de nuestra cultura gastronómica.
Cada vez que te emborrachas, sencillamente atentas contra tu propia integridad, pierdes el respeto por ti mismo, por los demás, y por algo tan inalienable como es la esencia humana, esa que a veces nos distingue de las bestias, sólo a veces.
Cada vez que te emborrachas, algo dentro de ti, se prostituye, algo en tu interior se aleja de esa esencia, que todos llevamos dentro desde que llegamos a este mundo.
Lo de ser más ó menos tonto, ya; es sencillamente secundario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario