jueves, 27 de febrero de 2014

Vino y juventud.


Parece que en este pais una de las principales asignaturas pendientes con respecto al mundo de esta cultura que algunos tanto apreciamos, la de la vitivinicultura; reside en el innegable hecho de que nuestra juventud está ausente cuando de catar y degustar se trata.
La mal llamada cultura del botellón, la falta de comidas y cenas estables en los hogares, es evidente que nuestro actual ritmo de vida nos lleva hasta un sesenta por ciento de familias que no comen de modo habitual y a diario en casa; y el imaginario enemigo representado por la cerveza y la ginebra, no me cansaré de repetir que el consumo responsable de estas no significa necesariamente que el vino desaparezca de los hábitos del español medio; hacen mella, según algunos; en las cifras de ventas de vino en España.
Siempre he sido de los que consideran que el enemigo real está en casa, no allende de las fronteras de esta. La educación en el aprecio de cualquier expresión cultural es básica, si pretendemos que nuestros hijos y nietos la consideren como propia. Desaparecidas las botellas de vino en nuestras mesas del comedor y cenador hogareño; ya no tienen ese punto presencial de antaño, ampliada hasta límites insospechados la oferta de bodegas y referencias, con incluso algunos malsanos intrusismos por parte del sector puramente inversor; anclados algunos en el criterio hipócrita y purista de que el vino es malo para la juventud y atosigados por campañas poco razonables que surgen de mentes abusivamente recaudadoras aliadas con los poderes políticos, resulta cuanto menos absurdo que algunos incluso pretendan buscar la culpa del descenso en los consumos de vino en los que nos dedicamos a catar y escribir sobre este fascinante mundo.
Ya lo dije y lo mantengo : la compulsiva creación de bodegas, la crisis y el exceso de oferta, que provocan a veces la tirada de precios por el suelo; son los auténticos culpables de ese descenso, en cifras generales.
En cuanto a nuestra infancia y juventud, futuro a fin de cuentas; es preciso crear cauces que faciliten la cercanía no sólo del vino, también de todo lo que encierra esta cultura. Mayores esfuerzos en divulgar y transmitir, romper con los malditos tabús que relacionan vino y consumo compulsivo, escenficar talleres de catas aromáticas, cromáticas y gustativas, siempre con respeto a la edad; para que nuestros adolescentes e infantes puedan llegar a apreciar el vino como alimento pleno en expresión y sensibilidad, y no como arma arrojadiza para olvidar penas.
Puedo asegurar que a veces el no me interesa es más fruto de la ignorancia, que de la libre elección en función del gusto propio de cada uno. Para saber si algo gusta ó no, es preciso al menos haber hecho antes el esfuerzo de la investigación personal. Si nunca has escuchado a Beethoven, no puedes saber si te gusta ó no. Lo mismo sucede con la cultura del vino. Si antes no has visitado los viñedos, admirado sus paisajes, podado las viñas, hablado con hombres de campo y cepa, apreciado cada una de las varietales disponibles por separado, comprobado in situ las diferentes influencias de las diversas maderas en la elaboración, recreado en copa y a botella abierta todo lo que un vino es capaz de transmitir, nunca debes afirmar que esta cultura no te resulta interesante.
Desde mi posición de divulgador, sólo puedo garantizar que la cultura vitivinícola enamora, engancha, apasiona a casi todos los que hacen el esfuerzo de bucear en ella.
La cultura del vino, para nuestros jovenes, es algo más que copa y botella. Estas son sólo el fruto de muchas horas de trabajo, de mimo y creatividad, de sudores y esfuerzo. Y creánme, catar vinos y escribir sobre ellos, es, para mi; una de las mejores historias que encierra mi existencia. Un trasvase de pasión, circulación emocional a través de vasos comunicantes, desde el viñedo y el paisaje, la uva, pasando por la bodega, el acero, el cemento y la madera; y terminando en ese instante maravilloso en el que el sacacorchos realiza con nuestra ayuda la función  para la que nació, liberando sentimientos, expresiones y evocaciones. Un cultura, esta; que no sólo considero muy recomendable para nuestra juventud, sino que, sin lugar a dudas; tratada de un modo razonable y responsable, puede resultar tan aleccionadora ó más, que unos ejercicios de psico motricidad ó la fascinante lectura de cualquier clásico de la literatura universal. Ya lo dijo el escritor y filósofo norteamericano Eric Hoffer, la falta de sensibilidad es básicamente un desconocimiento de nosotros mismos. Y esta cultura, amigos míos, tiene un alto porcentaje de sensibilidad. ¿Cómo, entonces; no va a ser aleccionadora?.

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