jueves, 13 de febrero de 2014

Cata de blancos en barrica / Baños Bezares-Bohedal.






Un placer siempre conversar con familias del vino, como es el caso de los Tejada, Leire y sus padres; gentes de Rioja que llevan la uva y el viñedo en el corazón, con una pasión que no anuncian, pero que sobresale sólo con compartir con ellos unos instantes en común.
El caso es que Heredad Baños Bezares y su marca Bohedal se han trasladado de su domicilio social en Briñas, a la localidad de Cuzcurrita, uno de esos municipios santo y seña de la cultura del Rioja, que no sólo forma parte de uno de los microclimas de la denominación, sino que además lleva a sus espaldas una larga y a veces no suficientemente valorada y conocida trayectoria en cuanto a buque insignia en cuanto al cultivo del viñedo y a la elaboración.
Consensuamos fecha y me acerqué hasta la nueva bodega, enclavada en un rincón del pueblo, en donde en compañía de Leire y su padre, pude catar, todo un lujo; los vinos blancos de viura aún en barrica, en periodo de formación y afinado.
Me consta que el hombre que durante muchos años ha capitaneado el proyecto de esta bodega, con largas horas de trabajo de campo y bodega; es un entusiasta de la viura, entre otras cosas porque es uno de los bodegueros de Rioja de cuantos he tenido delante, que más énfasis pone en la idea de que esta varietal riojana tiene mucha capacidad y que hasta la fecha había sido tratada siempre con poco tiento. Tejada mantiene, y estoy dentro de mis conocimientos de acuerdo con él; que es posible elevar los vinos de viura a una condición fantástica, tanto ó más que cualquiera de las varietales de uva blanca que pasean sus galones por el mundo. Todo es cuestión de darle el mimo requerido.
Sin duda, mi paseo por las barricas de diferentes procedencias, en donde descansan los muy próximos vinos blancos fermentados en barrica de Heredad Baños Bezares, dieron buen testimonio de que sus afirmaciones son correctas.
Pude catar de barrica de roble americano, de roble húngaro y de varias tonelerías francesas, con diversos aromas, diferentes sensaciones, complejidades variadas, incluso texturas marcadas y de índole dispar.
Un equilibrado plátano y leves insinuaciones especiadas en el roble americano, la madera procedente de Hungría afamada por ser la que menos aporta al vino y por ende, la que más conserva la tipicidad y franqueza de cada varietal, con tonos cítricos y un punto de fruta blanca, al tiempo que determinadas notas florales y herbáceas, y los distintos robles franceses, elegantes y aportando un tono de clasicismo embriagador sobre todo en la última de las barricas de cuantas pude catar.
Capítulo aparte merecen las barricas de quercus alba y los quercus petraea de la Tonelería riojana Murúa, que Baños Bezares ha incorporado a su parque de barricas, y cuyo continente, estaba a un muy buen nivel, respecto al resto.
En cualquier caso, una experiencia más para un catador como el que esto escribe, que salió de la visita a bodega, entusiasmado con tanto aroma cítrico, de fruta blanca, lichis y piña en insinuaciones, verbena de cremosidad limonera y de manzana golden, inicios balsámicos en alguno de los vinos que se escondían tras la madera de roble francesa, flores más blancas que amarillas, motivos herbáceos, y ante todo vino y viñedo.
Una vez más, me resta agradecer a los Tejada su atención conmigo y espero volver a conversar con ellos, en un breve espacio de tiempo.
En Baños Bezares, se aprende a querer la cultura del vino. Ha cambiado el escenario, sin duda a mejor. Pero las personas siguen siendo las mismas, y eso, se lo puedo asegurar querido lector; no tiene precio.

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