sábado, 8 de febrero de 2014

Bodegas Peique Viñedos Viejos 2008.



Una más de las muestras enviadas de modo desinteresado por esta bodega berciana, hecho que agradezco a los responsables de la misma, y al padre de los vinos, el enólogo Jorge Peique.
Se trata de un monovarietal de la casta mencía, elaborado con frutos procedentes de viñas con una media de antiguedad de entre sesenta y setenta y cinco años, acreditando doce meses de maduración en barricas de madera de roble francés, sesenta por ciento; caucásico, treinta por ciento; y americano, el diez por ciento restante.
Antes de salir al mercado, se afina durante doce meses en botella.
En copa parada muestra un color apicotado de notable intensidad, con reflejos malva y grana, estos incipientes.
La nariz envía recuerdos de frutas rojas y negras maduras, balsámicos y flores, dejando para el final un punto especiado y tostado. Debo decir que es un vino que en su primera presentación, tras el descorche; muestra un perfil un tanto cerrado, aunque dándole paciencia, termina expresándose con el equilibrio que los catadores siempre buscamos.
La boca es untuosa, la fruta desplegándose con personalidad y buen dulzor, traza de acidez de seña media alta, con un buen punto tánico, goloso y pulido, volumen y persistencia.
La retronasal marca evocaciones de cerezas y arándanos, regaliz y ahumados, con señas de ebanistería, final prolongado que deja notas de un sabroso amargor suave y bien definido.
Es un vino frutal y mineral, con las notas de madera que al comienzo parecen desequilibrar a la fruta, pero con la conveniente oxigenación, terminan por quedar integradas en el conjunto.
Lo califico entre recomendable y muy recomendable.

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