lunes, 17 de febrero de 2014

Adega José Aristegui Traste 2011.



Última de las muestras enviadas de modo desinteresado por el viticultor José Aristegui, para mi cata y valoración personal, hecho que vuelvo a agradecer como siempre lo hago cuando mis amigos bodegueros deciden apostar por este espacio de divulgación de la cultura vitivinícola, para hacer desfilar en público sus referencias.
Se trata de su vino de más altos vuelos, Traste, en edición de añada 2011; que recoge su nombre bautismal de una acepción que me encanta y que deja al castellano en el lugar que le corresponde, en cuanto a riqueza y capacidad de expresión, como todo buen vino.
Traste significa amigo de los de enredar, de los que hacen lo que en gallego se denominan falcatruadas y en castellano cervantino engaños y perrerías. Y es que José mira hacia atrás y recuerda que cuando sólo era un mozalbete renegaba del campo, e inventaba mil engaños con tal de escaquearse cuando se trataba de ayudar a sus padres en las tareas del viñedo.
Este Traste es un homenaje personal del viticultor a aquella pasada parcela de su existencia.
Hoy en día, José, echa mano de los viñedos que plantaron tiempo atrás su abuelo y su padre, para elaborar vinos nobles, francos, lejanos a falcatruadas. Así es la vida, que no lo digo yo.
Y con las viejas viñas de las parcelas Trasdeirelas y Don Pepe, las primeras asentadas sobre terrenos de composición pizarrosa con esquistos, y ls segundas sobre suelos arcillo ferrosos; Aristegui nos alegra la vida con un vino tinto compuesto por un setenta por ciento de garnacha tintorera y un treinta por ciento de mencía.
En su proceso de vinificación, hay cuatro a seis días de maceración en frío, fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, maloláctica en cubas de roble francés, finalizando con una maduración de seis a nueve meses en cubas y barricas de madera de roble francés.
En copa parada muestra un color apicotado con reflejos violáceos, nariz profunda, algo tímida en el arranque, expresando recuerdos de fruta roja madura e incipientes confitados, ahumados y tostados que pierden el primer lugar de expresión tras oxigenar y mover la copa, quedando relegados tras la seña frutal. Balsámicos marcados, con algún punto de yeso y tierra, personalidad aromática mineral que cierra el espectáculo.
La boca es sápida, sabrosa, dando una traza de buena acidez, desplegando frescura, con la fruta marcando el avance, desarrollando unos taninos golosos e intensos, buena seña de persistencia.
Se nota una buena extracción, hay carácter carnoso, buen volumen.
La retronasal envía sensaciones de cerezas, grosellas y frambuesas, algún guiño láctico menor, enseñando credenciales de regaliz y un punto de matorral, este en intensidad menor.
Para el final queda una sabrosa salinidad, que llega englobada en evocaciones de suelo, de terruño, la mineralidad pone un dorado broche de expresión.
Prolongado y franco, lo califico en esta añadaa 2011 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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