martes, 14 de enero de 2014

Gerardo Cesari Jema Corvina 2008.


Hay vinos que seducen por su embriagador paso por boca, con una rotunda sensación frutal, llena de matices que llenan encías y paladar con motivos tánicos equilibrados, y que pese a marcar con buena credibilidad la función de la madera, reflejada en la elaboración; hacen que sea la fruta quien dé mayores dosis de influencia.
Este monovarietal de la casta corvina, que acredita una maduración en barricas de roble francés durante un periodo de dieciocho meses; palpita en varios instantes de la cata, como si el corazón mismo de la Valpolicella estuviera presente, muy próximo a nuestros sentidos.
Color oscuro apicotado con reflejos violáceos de cierta intensidad, nariz muy franca, dando sensaciones de moras y arándanos, con segundos motivos de pétalos de flores violeta, alguna señal ahumada y especiada.
La boca es potente en el arranque, dejando una seña intensa de frutos maduros y dulces, con la traza de acidez de empaque medio alto, buena frescura y equilibrio, taninos golosos y redondos, parece que el vino pide ser mascado, aunque su textura sea bastante más fluída de lo esperado a simple vista.
Denso y hercúleo, con una buena persistencia, y una retronasal que aparece evocando moras y arándanos, violetas, algún punto balsámico de breve recorrido, ahumados y una muy suave sensación tostada, dejando al final un punto de amargor sabroso, que extiende las sensaciones de la cata.
En una segunda copa, adivino junto a la seña especiada de la vainilla, un tono que me ha recordado a clavo.
Una intensa experiencia de cata, que disfruté durante mi pasada asistencia a la feria Vinexpo 2013.
Lo califico en esta añada 2008 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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