domingo, 5 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos.


Estimadas Majestades :

                                       No sé si este año que ya ha pasado a los anales cronológicos del tiempo, he sido lo suficientemente bueno como para siquiera merecer el honor de remitirles la presente carta.
Lo cierto es que cuando 2013 ya llegaba a su fin, he recibido uno de los mejores premios que alguien tan inmerso por pasión y dedicación personal al mundo del vino como yo, podía imaginar. Ser miembro de la Cofradía del Vino de Rioja no es sólo un premio que valora mi esfuerzo diario, catando y escribiendo, durante todos estos años; sino que es además un reconocimiento que ya agradecí y que a uno le da alas para seguir trabajando en este bello y agradecido universo.
Glorias personales aparte, creo de justicia, pedirles que sean generosos durante este 2014 con todas esas personas que trabajan y viven de esta cultura, del tesoro que para la humanidad supone el vino. Generosos en la concesión de éxitos y venturas, grandes añadas y mejores gestiones comerciales, y que aunque la vendimia recién pasada no parezca ser precisamente la mejor de la historia, al menos en cuanto a la denominación Rioja se refiere; la siempre equilibrada labor de nuestros enólogos logre que de la presumible simple normalidad, pueda surgir la excelencia.
Aunque a mi se me relacione, por derecho y proximidad con Rioja, no quiero dejar de pedirles los mismos deseos para todas las apelaciones, porque entre todos hacemos que el vino ocupe un lugar privilegiado en cuanto a valor y prestigio, y eso nunca hay que olvidarlo.
Me gustaría que Sus Majestades, como eternos buscadores de la Verdad, trajerán hasta este mundo la clarividencia, la honestidad, la buena fe y ahuyentaran las conductas malsanas, a los trepas, y a quienes pretenden vivir demasiado bien incluso hundiendo sus garras en el prójimo. Ustedes, mejor que yo; saben que para vivir no es preciso provocar que los de alrededor vivan mal.
Dicho esto, les pido más ayudas para el campo, para el viñedo, apoyos a las bodegas y al vino, como icono este; de una cultura cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, de una alimentación sana y de una humanidad que precisa, hoy más que nunca; de creencias y virtudes que nos ayuden a soportar tanta tensión y tanto relativismo.
De igual modo, no me olvido de solicitar de ustedes las mismas gracias para nuestros primos hermanos, los del aceite y la alimentación en general.
Es el vino para mi una fuente de sosiego, una valor que es necesario transmitir en su justa medida a las nuevas generaciones, para que sepan defenderlo y pregonarlo, del mismo modo que algunos llevamos haciendo desde varios años atrás.
Mi compromiso de seguir con la llama de la pasión encendida es el aval que les doy, para que Ustedes nos concedan, a todos los que abrazamos al vino como una parte de nosotros mismos; el don de la diversidad, del afán y entusiasmo, del mimo y la profesionalidad, el testigo, en fin; que nos sirva para, mediante la elaboración, el trabajo de campo, la gestión comercial y la divulgación, encontrar los cauces de un río purpúreo cada vez más brillante.
Ya dijo Théodule Armand Ribot que la pasión es una emoción crónica, y en esa misma emoción perdurable, seguiré firme en sentidos y don de palabra y escritura, haciendo lo que más me gusta, catar y escribir, y además trabajar.
Cuando se trabaja con pasión, como ustedes lo hacen año tras año; los frutos se recogen y el resultado es más meritorio.
En este mundo del vino hay muchos grados de pasión, hombres y mujeres que la transmiten, que saben que más allá de una poco simple responsabilidad, existe un emocionante resultado que surge de la viña y la bodega, de horas de trabajo y dedicación, y de la aplicación inevitable de múltiples factores externos, que a veces no dependen sólo del mimo que se aplique al trabajo.
Para todos ellos va dirigida esta petición que aquí les hago. Son las patas principales de la gran mesa del vino.
Desde este espacio de divulgación, siempre estaré dispuesto y seriamente capacitado para remar en la misma dirección, porque la esperanza es el sueño de los que están despiertos, que bien lo dijo el gran Carlomagno; y nadie que esté entusiasmado con su trabajo, puede temer nada de la vida, tal y como refirió Samuel Goldwyn.
De esa pasión, de esa esperanza,  y de ese trabajo, personalmente; saldrá, durante este 2014 y en adelante, el mayor de los regalos que ustedes puedan hacerme : que siga sonriendo cuando se me hable de vino, que siga aprendiendo cada vez que descorcho una botella, que siga, en fin; divulgando, compartiendo, expresando y laborando, para que este gran tesoro brille cada vez más.
Prometo afán, ilusión, pragmatismo y dedicación.
No quiero terminar mi carta sin anunciarles que esta noche en mi casa, tendrán a su disposición tres copas de buen vino, que este año serán de Rioja, y que espero que ustedes, queridas Majestades; las disfruten igual que yo lo hice a lo largo del año. Caten, beban y ya verán lo que es bueno.
Con el mayor de mis afectos, y hasta el año que viene, me despido de ustedes, deseándoles todo tipo de venturas. In Vino Veritas.

Juan Cuatrecasas Asua, Haro 5 de Enero de 2014.

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