martes, 10 de diciembre de 2013

Espumosos de Navidad.


Huele a Navidad, y la verdad es que un año más apetece consolar el paladar de las agresiones culinarias sufridas durante todo el ejercicio gastronómico, con unas cuantas burbujas, que como siempre defiendo, miman la boca y el estómago en cualquier momento del día. Se terminó hace tiempo aquello de darle a la burbuja dorada sólo con los postres y el turrón, que a fin de cuentas una copa fría de espumante alegra la mesa, la barra y hasta el mantel.
No, no es que esté aconsejando dejar el vino y pasarse al espumante, lo que sí aconsejo es, durante esta Navidad; disfrutar con las burbujas sean catalanas, riojanas, extremeñas, francesas, alemanas ó italianas, que a fin de cuentas ni vendo, de momento; marca alguna, ni me pagan por patrocinar más a aquellos que a estos, y viceversa.
Desde hace años, cuando alcanzamos la Navidad, algunos medios y comentaristas de redes sociales se dedican a lanzar señuelos en contra del cava procedente de Cataluña, como si la política lo invadiera una vez más, todo, incluso el mundo de la cultura vitivinícola.
Y yo siempre me opongo a los que se oponen. Pura manía personal, sentido y sensibilidad.
Yo, que ya me hice mayor hace tiempo, paso de que me digan qué tengo que beber y qué no, huyo de los debates infantiles y provincianos, y condeno a quienes siguen anclados en enfermizos aldeanismos alimentarios.
Esta Navidad beberé champaña de la cercana Francia, tal vez algún sekt alemán y algún prosecco italiano, cava de Rioja, Extremadura y Valencia, algún cremant galo también caerá, y por supuesto cava de Cataluña.
La cultura abarca todo, y nunca es exclusivista. Cierto es que siempre un vino ó un espumoso, nos puede y debe gustar más que el resto. Cierto es que identificar un método de elaboración, una denominación y una bodega, por encima del resto, nos da un aire de conocimiento fuera de cualquier duda. Pero omitir un vino ó champaña, sólo por seguir el juego a los patrones de la histeria politica mediática, me resulta francamente, una conducta patética, propia más de un inflagaitas pesebrero que de un tipo serio y con ganas de aprender de todo lo que esta fantástica cultura puede ofrecernos.
Los espumosos nunca fallan en mi casa, en Navidad. Tampoco el resto del año. Con franqueza lo que sí falta en mi casa es la obsesión terca por la incultura, el radicalismo y la intolerancia. Venga de donde venga.
Por eso, brindo con muchas copas de champaña, cava español, xamprada berciano, Rueda espumoso, sekt alemán, blanquette de Limoux y prosecco ó franciacorta italiano, lástima no tener a mano un Pezsgö húngaro ó un Aÿze del Alto Saboya para redondear el círculo; por todos mis lectores actuales y potenciales, y por el amor y la pasión en el mundo, para que los fantasmas de la ignorancia pongan pies en polvorosa, y todos veamos que detrás de la insana influencia de la política mal entendida, se esconde la luz de la cultura, esa que algunos nunca entenderán, para desgracia de la humanidad.
Felices burbujas a todos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario