sábado, 21 de diciembre de 2013

Cariño, ahora vuelvo, voy a comprar el vino de Navidad...


Llega el día y el momento. Muchos dejan para los días previos a Nochebuena y Navidad ese instante de duda, de plantearse donde y qué vinos elegir para la cena y la comida familiares que ya se avecinan. Si encima hay que lucirse, enviando el vino como regalo de compromiso, ó plantando alguna botella sobre el mantel de madre y ó suegra, la hazaña puede convertirse en épica.
Algunos indagan en las interminables listas de referencias recomendadas por catadores y escritores, buscando el beneplácito de los que figuramos en algunos sitios como gurús, venturosos guías de opinión.
Cuando yo publico una lista de vinos recomendados, lo suelo hacer a regañadientes, porque los hay tantos y tan buenos, que a veces esas listas se me quedan pequeñas. Es por ello, que lo que busco es orientar, antes que influir.
Me preguntaba el día pasado un conocido y fiel lector del blog, qué consejos debo dar cuando se trata de seleccionar los vinos a beber en los ágapes navideños.
El primero, le dije; es tener muy claro en que lugar se compran los vinos. Soy de los que creen, que teniendo la posibilidad, lo mejor es acudir a bodega. En ningún sitio como ahí la garantía de buena conservación del vino, tiene tanto aval.
Claro es que, en muchos casos, esa posibilidad nos resulta lejana, por la distancia y la falta de tiempo.
Es entonces cuando las vinotecas y distribuidoras cumplen su función, siempre y cuando sepamos con quien nos jugamos los taninos. Por eso es bueno frecuentar con cierta asiduidad, durante el resto del año; estos establecimientos, poniendo a prueba antes de llegar la Navidad, con la adquisición de algunas botellas sueltas; al comerciante de turno.
Recordar debo que el tratamiento y la conservación del vino son fundamentales cuando de gastarse una cantidad de euros en él, se trata.
Me ha ocurrido a mi, recibir un regalo navideño de mucho empaque, una suculenta etiqueta de château francés de renombre, y comprobar como su contenido estaba bastante más avejestado de lo que la añada de la etiqueta reflejaba, un vino maltratado, desquiciado e incapaz de soportar las bondades de una cena navideña de nivel.
Cuando me enteré donde había sido adquirida, supe que a ese espacio gourmet nunca volvería. Los hay que compran grandes cantidades y quienes comprando menores, no conservan las botellas con las condiciones de luz, ruido y posición ideales.
El segundo consejo es no liarse la manta a la cabeza. El vino es relativamente sencillo, en cuanto al poder de satisfacción que nos puede aportar. Se trata de elegir en función del menú sugerido, una varietal y añada que pueda encajar. No abrir el fuego con vinos de viejas añadas, buscar el equilibrio de un vino blanco ó espumoso para los momentos previos a la cena ó comida, y después ir desplegando la artillería siempre en base a los platos que vayan saliendo a la mesa.
Huir del tan trillado tópico de blancos con pescados y tintos con carnes, porque les aseguro que un besugo a la bilbaína con un reserva de Rioja casa a las mil maravillas.
Incluso, y defiendo este maridaje con uñas y dientes; un vino tinto le va que ni al pelo a un txangurro al horno ó un bogavante.
En la progresión está el éxito, e incluso comenzar con una maceración carbónica puede desembocar en un segundo plato y postre con un gran reserva de la vieja guardia.
Pueden repetir espumoso en la sobremesa, pero haganme el favor, prueben este año un turrón ó postre de chocolate, con un reserva ó gran reserva. Vivirán más cerca de la gloria absoluta.
En cuanto a qué bodega elegir, tienen ustedes, queridos lectores; mis cuatro listas de este año a su entera disposición, pero si aún y con todo no les convencen, ponganse en manos de vinotecarios responsables, gente que ustedes sepan que conocen el vino que están vendiendo, que al menos lo han catado y bebido una sola vez.
Huyan de grandes locales en donde quien les atiende pasaba por allí, pero sabe lo mismo de vinos que de ositos de peluche.
La experiencia es un grado en este terreno de la culinaria, como en todos los demás.
Y cuando estén delante del botellero, esperando a ser atendidos, no revuelvan demasiado con la vista al frente. Elegir un vino, no depende tanto de la plasticidad del continente, como de la efectividad del contenido. Y en estas malditas épocas de crísis, de la capacidad de cada bolsillo, que no se me escapa del detalle. Confíen en quienes ustedes juzguen que deben hacerlo, más allá de intereses mercantilistas y de palabrería.
Si a pesar de estos dos consejos, aún no saben donde caer; me pongo a su entera disposición para prestarles mi ayuda, dentro, claro está; de mis posibilidades.
Aprovecho esta entrada para desearles de todo corazón unas felices y muy vinosas jornadas navideñas, y mi esperanza de que el año venidero sea más bondadoso y cordial para todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad.
FELIZ NAVIDAD A TODOS.

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