sábado, 9 de noviembre de 2013

Visita a CVNE con Ezequiel García.













Volver a los orígenes, algo así como un regreso al pasado de Ezequiel García, El Brujo de Rioja; uno de los más legendarios elaboradores de la bodega CVNE y por ende de la denominación.
Cuando Ezequiel me propuso visitar la bodega y presentarme a su actual responsable enológica, María Larrea, me preparé para dedicar unas horas de la mañana de mi viernes para comprobar in situ que la Aldea del Vino, coqueto patio del que esta bodega del muy jarrero Barrio de la Estación dispone en el interior de sus instalaciones, sigue luciendo esplendorosa y manteniendo intacta la huella del tiempo, ese que aunque transcurre imparable, deja en lugares telúricos como el presente, un grado de personalidad y pasión por la cultura vitivinícola difícil de superar.
La pasteurizadora del siglo XIX presente en uno de los lados del patio da una cercana idea de lo que CVNE supone para la historia de Rioja, acompañada por dos bonitas prensas hidraúlicas dispuestas en un antiguo pabellón de elaboración y por las magníficas y más recientes salas de barricas Eiffel y Real de Asúa, emblemáticas en cuanto al valor de la madera en este mundo del vino.
Tinas de madera de roble francés de las más afamadas tonelerías, ese olor a bodega, ese silencio que se teme romper y que a algunos nos lleva a hablar en voz baja, como si pensaramos que un tono agudo pudiera molestar al vino que contienen las barricas.
Y la mágica zona de calados, con las paredes cubiertas de historia y humedad, con añadas y añadas descansando en botellas que algún día verán la luz, eso que alguno denominan cementerio, separado del mundo real por una puerta insigne de madera, que hay que abrir con la ayuda de una llave de las de la vieja escuela.
Esa idea que siempre llega a la cabeza y que tiene que ver con un rodillo mental hacia atrás, pensando en el pasado de CVNE, en el esfuerzo de tantos hombres y mujeres que allí trabajaron para que en el presente podamos seguir admirando su obra.
Una visita a bodega centenaria, con el salvo conducto de uno de los elaboradores más grandes de la historia de CVNE y de Rioja, es algo más que una visita. Es aprendizaje, y sobre todo un honor para el catador y escritor de vino que esto suscribe.
Mi agradecimiento sincero para María Larrea por su tarea de anfitriona y por supuesto a Moral por hacer de guía en un viaje al presente y pasado de una bodega como CVNE, santo y seña de la historia de Rioja.

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