miércoles, 13 de noviembre de 2013

Paisaje de viñedo, paisaje de vino.


Ahora que el paisaje del viñedo riojano parece estar más de moda que nunca, es cuando muchos se apuntan a un carro que les lleva años de ventaja en cuanto a romanticismo, estética y realidad.
Está bien que la UNESCO decida otorgar un sello de oro al viñedo de Rioja, si es que al final lo hace; pero no olvidemos que para alcanzar estas metas fueron necesarias varias generaciones de hombres de campo, viticultores que no siempre con una gran bodega detrás, pasan muchas horas de esfuerzo y trabajo laborando y poniendo los cimientos para que después unos puedan elaborar, y otros degustar esos vinos maravillosos, plenos de sabor, que tanto admiramos quienes catamos y escribimos sobre esta divina cultura, y que tan buenos ratos conceden a la mayoría del público consumidor.
El viñedo de Rioja es un paisaje pleno de intensidad visual, cambiante como pocos en función de la época del año, con rincones que a veces nos han pasado desapercibidos por no encontrarse situados en primera plana, con cepas centenarias y otras más jovenes, con marcos inigualables que hacen del viñedo un óleo visual y real.
Desde Villalba de Rioja al Monte Yerga, pasando por Lanciego, el paisaje del viñedo de Rioja es ya, por sí solo, un patrimonio de la humanidad, con ó sin reconocimiento.
Por ello, y medallas aparte, deben los organismos pertinentes al efecto, poner manos a la obra y buscar las medidas precisas para que este viñedo esté siempre protegido y al margen de agravios y ataques, que como el reciente de las torres eléctricas, vulneran en gran medida, su condición de paraje singular.
Es fácil sumarse al carro cuando el oro de la medalla brilla, pero lo difícil es perseverar a diario para que la Rioja viticultora siga luciendo sus mejores galas, generación tras generación.
En este próximo reconocimiento mundial de nuestro viñedo, y desde este humilde foro de opinión, quiero rendir un cálido y sincero homenaje, ellos lo merecen más que nadie; a todas las familias que desde tiempos remotos han dedicado su labor diaria a cuidar de sus cepas con amor y pasión, a todos aquellos hombres de campo que de un modo artesanal madrugaban para lograr que su terruño fuera, sino el mejor; al menos un campo de sueños, de sueños que se cumplían de un modo u otro, tras la vendimia. Pero no nos olvidemos, no hay vendimia, sin trabajo previo a píe de viñedo.
Y de aquellos sudores nacieron estos oros que sin duda llegarán de manos de la UNESCO.
Para todos ellos mi más sincero reconocimiento y mi más clamoroso aplauso.
Ellos son también paisaje de viñedo en Rioja.

2 comentarios:

  1. Hay mucho más patrimonio del que se ve a simple vista, poco investigado por ejemplo el paraje de Piedra Redonda en el meandro de Tondonía, hay que promover paseos donde se de a conocer este patrimonio que además encierra otro histórico muy poco conocido y valorado.

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  2. Jesús En efecto lo hay El ejemplo que pones es bueno Pero hay muchos otros Saludos y gracias por tu aporte

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