viernes, 1 de noviembre de 2013

Mi mejor amigo, el vino.


Me preguntaron el otro día qué significa el vino en mi vida.
La verdad es que significa tanto, que sería incapaz de resumirlo en dos ó tres minutos de conversación. El vino es sinónimo de nobleza, de naturaleza, de amistad, de fidelidad, de sensualidad. Un vino, todos ellos; expresa y narra su origen y condición cuando descorchamos la botella, nos ayuda a sonreir cuando las cosas no marchan, nos acompaña en encuentros y despedidas, en ceremonias familiares, nos rodea con su manto purpúreo cuando queremos dejarnos mecer, nos inspira catándolo, ¿cuántas horas no pasa uno de nosotros delante de una copa pensando, analizando, reflexionando sobre su color, su aroma y su sabor?.
El vino es poesía, es alquimia, es testimonio creativo, a veces ingenioso; no es obra de un sólo hombre, sino de muchas generaciones de personas que decidieron dedicar su vida a la viticultura, que pensaron que a través de la elaboración y venta de vino podían tener una equilbrada existencia.
El vino exige pasión, ilusión, recrea sensaciones e ilusiones, te hace vivir experiencias inolvidables, reúne a sus acólitos en bodegas, ferias, cofradías y congresos para dedicarles un tiempo de ocio y aprendizaje.
El vino no quiere a su lado personas mezquinas, envidiosas, iracundas ó violentas.
Por ello quien aprecia el vino como lo que es, nunca lo beberá de modo convulso y compulsivo, intentará sacar de él toda la gama de sensaciones que puede proporcionar, con calma y paciencia, como unos novios novatos se entregan al amor.
El vino patrocina la gastronomía, a veces desde un poco merecido segundo plano, bautizando magnas creaciones de nobles cocineros, escoltando cualquier planteamiento culinario por complejo que pueda resultar.
El vino es reseña de un terreno, de una roca, de un subsuelo, del volcán que eructa lava de cuando en cuando, de evocadores recuerdos a grafito, cuarzo ó salitre, de la arcilla y la tierra húmeda tras una tormenta estival. De la viña centenaria a la más juvenil surgen frutos con los que el vino se hace mayor, con los que nuestro paladar se recrea. El vino es emoción, te hace llorar de placer y reir de alegría, contagia entusiasmo, transmite la imagen del sudor derramado en la vendimia, de las noches sin dormir del enólogo, de la literatura no siempre bien comprendida de quienes gozamos catando y escribiendo, del arte como expresión creativa.
Luces de Vendimia que sustituyen a las Luces de Bohemia, sin esperpentos conocidos, con esperpentos que a veces surgen sin rubor cuando hablas con un bodeguero comprometido con sus clientes, añada tras añada. Lo que encierra una etiqueta no es sólo un líquido de color, es una copla casual, una aventura, un modo de vida, y a veces, hasta una filosofía de vida.
Alimento satírico, dramático, comediante, bohemio y sobre todo profudamente divertido.
¿Qué es la vida a quién le falta el vino?, del Libro Eclesiástico del 200 A.C. hasta un vaso de bon vino del juglar Gonzalo de Berceo, el vino siempre presente en nuestra cultura, siempre esencia de vida, siempre magistral icono de nobleza.
Mi mejor amigo es el vino. Me da vida cuando se acerca, me concede energía cuando lo bebo y me inyecta espiritualidad cuando lo cato.
¿Que significa el vino para mi?.
No tengo palabras, sólo ideas lejanas a su hermosa amistad, ideas profundas lejos de la inmoralidad, el odio y la envidia, ideas que siempre protagonizan una laureada relación cuando aparece entre medio de varios seres humanos. No hay estupidez en torno a quien siente pasión por el vino, puede haberla cuando el vino no es objeto de su conversación, pero en cuanto aparece en escena desaparecen los malos sentimientos, las malas conductas y los prontos infames.
Apreciar el vino es dedicarse a él con mesura, con tiento y mimo, buscando su alma, queriendo que la tuya se funda con la suya, navegando en sus ondulaciones violáceas con buen timón y navío.
Nunca habrá un amigo como el vino, poco pide y todo da.
Su dulzor, su amargor y su juvenil acidez que demuestra vida son las tres patas de la mesa. La cuarta soy yo, eres tú, es todo aquel que quiere dejar que le atrape y le acaricie, que le mime con su esencia eterna e imborrable.
Viñedo perpetuo, bodega señorial, madera auxiliar y fruto de frutos.
Mi mejor amigo, el vino.

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