sábado, 23 de noviembre de 2013

La "intelectualización" del vino.


Me ha llegado un rumor en base al que, algunos bodegueros y enólogos van diciendo por ahí que los que catamos y escribimos sobre el vino estamos incurriendo en una falta, la de asustar al consumidor y más en concreto a la gente joven cuando se enfrentan a una copa de vino.
Que todo el rito de la cata y la posterior divulgación de lo que no es sino un análisis organoléptico sólo sirve para alejar a clientes habituales y potenciales del contacto directo con el consumo de este noble alimento.
Tiene gracia que quienes nos esforzamos en divulgar, en mi caso además a diario sin fallar a la cita con mis lectores desde hace algo más de cuatro años, muchos matices de lo que encierra y rodea a la cultura vitivinícola, seamos ahora los malos de la película.
Aseguro que cuando quien esto escribe cata un vino y escribe sobre él, nunca se pone serio, ni siquiera mitifica lo que hace. Catar, beber y escribir no es un ejercicio para el que se requiera un chaqué, todo lo contrario, es un ejercicio de ocio y placer para el que sólo se necesitan ganas de pasarlo bien. Los que sí se ponen serios cuando hablamos de vino son los que tienen que venderlo y por desgracia no lo consiguen en la medida deseada. Lógico, al final, esto es también un negocio.
Comentaba alguien el otro día que hablar de frutos rojos, especiados y balsámicos asusta a quienes deciden beberse una copa de vino, porque al parecer tienen miedo de no dar con esas sensaciones y hacer el ridículo. Y se quedó tan ancho, como largo. ¿Es esa la causa de que en este país no se beba tanto vino como sería deseable?. Con franqueza, creo que el argumento es tan simple, como manipulador. Entiendo que alguien pueda sentirse molesto por recibir críticas no demasiado positivas sobre cualquiera de las referencias que surgen de horas de esfuerzo y trabajo, pero de ahí a afirmar sin rubor que la falta de ventas tendentes a cuadrar un balance de resultados, se debe a quienes dedicamos una parte de nuestro tiempo a disfrutar y divulgar el contenido y continente de esta cultura, hay una larga distancia.
Creo que la falta de consumo del vino, lo he dicho una y mil veces, se debe a múltiples factores, algunos de los que tienen relación directa con los cambios de hábitos familiares y por una falla clara en cuanto al saber vender de los españoles.
Un dato que el otro día surgió por los teletipos afirmaba que un sesenta por ciento de las familias españolas no comen a diario en casa. Las comidas de antaño pasaron a mejor vida, la gente come mal y rápido, en muchos casos sin sentarse siquiera. La botella de vino diaria ha desaparecido de la mayor parte de los hogares españoles. Recuerdo que en mi casa siempre había una botella en la mesa de comer y cenar. Se consumía vino a diario, con mesura. En el presente esa iconográfica botella ó ha desaparecido, ó simplemente se condena al fin de semana, ó a ocasiones aún más singulares.
Se ha roto el hilo conductor inter generacional, no hay transmisión entre abuelos, padres e hijos, y estos últimos comienzan sus andanzas adolescentes bebiendo todo tipo de grotescas combinaciones, ó la respetable cerveza, contra la que personalmente nada malo tengo, y que me parece un producto tan defendible y protegible como es el vino, aunque este a título personal me atraiga más.
Son bebidas más rebeldes, menos aburguesadas; en el caso de la cerveza más frescas para climas mediterráneos y veranos cálidos, que casan mejor con una adolescencia siempre tan compulsa.
Admiro las nuevas aventuras empresariales de artesanos elaboradores cerveceros que últimamente abundan en España y aplaudo su valentía y pasión. Y para nada los considero enemigos del vino, al revés, considero que son alimentos compatibles entre sí. Aunque algunos piensen lo contrario, como si esto fuera la guerra de dos galaxias enfrentadas.
Esa distancia a recorrer entre vino y adolescentes se supera con una educación temprana, acercando a nuestros hijos y sobrinos a nuestra copa, dejando que la miren sin miedo, que sepan olfatear los aromas y distingan entre grosellas y moras, entre regaliz y anisados, entre vainilla y canela, y que incluso puedan mojar sus labios con el tono cromático que dibuja el contenido de la copa.
Es esa educación temprana la que da futuro al vino, ya que al parecer su presente en España, es más bien desolador.
Visitar bodegas y hablar con enólogos con tus hijos delante, es un segundo paso a tener en cuenta.
Quienes más se quejan de no vender vino, tal vez debieran revisar si sus esfuerzos en ese sentido, son suficientes, si emplean todas las herramientas de presente en la venta, si sus cuentas en las redes sociales y sus blog, están bien manejadas y representandas, si la bodega que representan funciona con contenidos on line, ó simplemente realizan una publicación cada tres meses, dando los buenos días.
Si su perfil comercial está bien definido ó vive en el pasado.
Yo no creo que los catadores y escritores de vino tengamos responsabilidad en que el vino no se venda, ni siquiera en que estemos "intelectualizando" el vino. El vino no entiende de maniobras intelectuales, simplemente se disfruta.
La cultura gastronómica y vitivinícola progresa en función de los conocimientos y valores de identificación y diferenciación del consumidor. Saber elegir con propiedad una referencia determinada, una añada ó una varietal no es ir de serio por la vida, sólo es tener el criterio suficiente para poder determinar que nos gusta más.
Quien no sabe lo que come ó lo que bebe, por desidia ó simple hábito de consumo compulsivo, huye de la cultura.
Nuestra labor es una de las cuatro patas de la mesa de esta cultura, les guste ó no.
La divulgación on line y off line, no sólo es necesaria, es un valor que sirve para garantizar el futuro del mercado y por ende de esta cultura.
Nuestras catas son pasión, romanticismo, poesía y a veces literatura, y sin duda sirven para que el público interesado en saber identificar diferentes referencias, diversas varietales y añadas, pueda comparar sus sensaciones con las nuestras. Nuestra labor no asusta, porque el amor por el vino sólo refleja amor. El temor, tal vez; juega en otra división, la de los objetivos contables y las pérdidas y ganancias.
Y ahora les dejo, voy a descorchar unas cuantas muestras, para desmitificar el stress y el temor asustadizo de tanto tipo serio con cara de asistente a consejo de administración.
Para mis lectores, fieles y habituales; ya saben : beban vino, apreciénlo, defiendan siempre su cultura y no olviden que el vino es un maravilloso legado que hay que transmitir a las nuevas generaciones, compartiendo y divulgando, y defiendo siempre su identidad, esa que algunos no están seguros de comprender.
Y nadie olvide que la unión siempre hace la fuerza, para que la mesa se mantenga firme hacen falta cuatro patas.

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