domingo, 24 de noviembre de 2013

Brillo en los fogones de Rioja.


Que Francis Paniego obtenga una segunda estrella Michelin y que los hermanos Echapresto consoliden su estrella, son hechos que no sorprenden a quienes, por cercanía local, entendemos y valoramos el esfuerzo y el estudio de estos cocineros tan riojanos como universales.
No me ha pasado desapercibida y quiero hacer mención de ello en esta entrada del blog, la mención Bib Gourmand concedida a otro chef riojano, Ramón Piñeiro, que en pleno centro histórico de Logroño capitanea los fogones del establecimiento La Cocina de Ramón.
Mi enhorabuena a todos ellos.
Los premios y reconocimientos tienen a veces un punto injusto de ebullición, y me explico. Llegan con estruendo para lograr aún más ruido, un bombo perecedero, que va de más a menos, a medida que pasan los días y la gente parece olvidar lo que ya han escupido los teletipos. Mantener abierto un restaurante, en algún caso incluso más de un local; es en estos tiempos de crisis, un mérito. No es fácil transmitir al público las ideas culinarias, y a veces sólo llegan a un sector minoritario de la población, la que disfruta probando, contrastando y gozando con ilusiones, texturas y combinación de sabores. La estética en el plato, todas las horas de laboratorio I+D, las pruebas, las horas de trabajo y lectura, suelen pasar desapercibidas para un alto porcentaje de clientes de este perfil de restaurantes.
Crear, expresar; en los fogones va más allá de un premio de la Guía Michelin, es el resultado de toda una dedicación exclusiva, de muchas horas de trabajo concienzudo, de contar con materia prima de calidad con la que poder sorprender y entusiasmar a tus clientes.
Ese trabajo, ese desvelo, no se concentra sólo en una ó dos estrellas de una guía. Ese sudor se despliega durante muchas horas, días y años de constante trabajo a pie de cocina.
Los galardones concedidos a estos tres chef de Rioja hacen justicia durante las horas que dura la emoción de la noticia, el fuego de artificio informativo, pero no deben diluirse con el paso de las semanas. Rioja merece tener profesionales de la gastronomía, que como Paniego, Echapresto y Piñeiro dedican su tiempo al estudio y a la creatividad. Pero ellos merecen que ese reconocimiento se extienda durante todo el año, no sólo durante unas horas de gloria y aplauso fácil.
La gastronomia de Rioja tiene tres espadas, y algunos más sin estrella, no sería justo olvidarlos; que merecen respeto, apoyo, admiración y sobre todo protección.
Fácil es aplaudir al premiado, lo difícil es aplaudirle antes de serlo, valorando un trabajo que casa como un guante con la personalidad de esta comunidad, que amplifica desde tiempos remotos su carácter con la escolta del buen yantar y el bon vino.
Paniego, Echapresto y Piñeiro cuentan con toda mi admiración y respeto, no sólo por ser tres grandes chef, creadores de sabores, texturas e ilusiones; sino por defender con tanto ingenio el estandarte de Rioja por todo el mundo.
Mis estrellas particulares no son para ellos galardones de un par de días, son premios consolidados, fieles y sin fecha de caducidad. Gracias por transmitir tantas emociones, tantas sensaciones.
Su embajada gastronómica es orgullo para Rioja. Bandera a enarbolar por todos nosotros.
Y enhorabuena por los éxitos ya obtenidos, y por los que, a buen seguro; seguirán llegando.

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