lunes, 18 de noviembre de 2013

Armonías : Pessic Biscuit y Jorge Ordóñez Nº 3 Viñas Viejas 2007.








Mi agradecimiento a los elaboradores catalanes de pastelería y repostería Pessic Biscuit y a los distribuidores londinenses de la bodega Jorge Ordóñez, proveedores desinteresados de las referencias que ocupan esta entrada de armonía, en mi blog.
Los obradores catalanes están localizados en la calle Josep Sangenis de la Ciudad Condal, y además de elaborar sabrosos dulces, tienen un estupendo servicio de catering, del que sin duda algún día podré escribir en mi blog con conocimiento de causa.
La caja de galetes que me fue enviada de modo desinteresado, contenía una amplia galería de sabrosos pastelillos horneados, con presencia de bocado, a buen seguro esculpidos con harina, mantequilla, azúcar, huevos y almendra, siendo este fruto seco el que les aportaba una franca personalidad. Destacaba un emblema de la pastelería catalana, el carquinyol, pasta realizada usando la técnica del biscote, término que procede de Italia, (biscotti), y que significa cocido dos veces.
De hecho, el carquinyol catalán tiene en Italia un primo, bautizado como cantuccini.
La base de almendra es fundamental en la estructura de de este pastel, que tiene un gran reconocimiento, no sólo en Cataluña, sino también en Baleares, Valencia y parte de Aragón.
Al parecer las primeras recetas de este dulce se remontan a la Edad Media, y en concreto a la zona de Caldes de Montbui, donde coincidieron las tres culturas, cristianos, judíos e hispanomusulmanes. Rosa María Galí Casabayó, cuarta generación de la casa Pere Casabayó, legendaria en cuanto a la elaboración de canquinyolis, defiende el estandarte de la creación de este pastel para ese municipio barcelonés.
En el presente doy fe de que Pessic Biscuit los elabora con arte y buena textura y sabor, crujientes y con la almendra presidiendo el escenario con personalidad.
Galetes estupendas, bien trazadas, con las cuatro patas de la mesa golmajera marcando su carácter : aroma, sabor, textura y presencia.
Para darle buena escolta seleccioné este vino blanco dulce elaborado por la bodega Jorge Ordóñez, con la base monovarietal de moscatel de Alejandría, con frutos obtenidos de cepas viejas con una media de edad de más de cien años, localizados en las inmediaciones del municipio malagueño de Almáchar. Maduración de dieciocho meses en barricas de madera de roble francés.
Copa parada que muestra un color amarillo dorado con reflejos ámbar, nariz de buena complejidad, apuntando recuerdos de fruta pasificada, orejones y gajos de naranja en confitura, algunas flores blancas y amarillas, melosidad fina, hay un marcado punto de jazmín.
La boca es amplia, angulosa, con una textura glicérica y densa en el paso, siempre con equilibrio y buen volumen, sedoso y lleno. Tiene un punto de dulzor muy elegante, y una linea de acidez que hace el resto, aportando el nivel justo de frescura.
Sabroso, un vino de los que hace salivar, y con el que pueden llegar maravillosas sobremesas.
Muy buena persistencia, con la retronasal que nos habla de frutos navideños, alguna nota de frutos secos, miel y escarcha golosa, flores y una huella evocadora de naranja, que le aporta un tono de sugestivo amargor y que prolonga sus sensaciones.
Lo califico en esta añada 2007 como más que muy recomendable.
Perfecta armonía entre galletas y vino, un elogio al dulzor.





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