martes, 29 de octubre de 2013

Verónica Ortega ROC Mencía 2011.


Uno de mis vinos de todos los catados durante mi asistencia al salón El Alma de los Vinos Unicos, celebrado en la ciudad de Burgos en pasadas fechas.
Producción muy limitada, con seiscientas botellas, vino elaborado con frutos de la varietal mencía, nacidas en cepas situadas en suelos de composición pizarrosa y arcillosa, con una parte arenisca.
Fermentación en barricas abiertas con un cincuenta por ciento de raspón, con aplicación de pigeage, maceración de treinta días y prensa vertical, maloláctica en barricas borgoñonas, madurando después durante doce años en barricas de madera de un vino.
Verónica Ortega, winemaker que acredita trabajos en varias bodegas francesas, aprovecha cepas muy viejas para elaborar un vino franco, divertido, prolongado y dotado de un aporte de frescura frutal muy apetitoso.
Ante todo, es un vino que me ha sorprendido por defender un concepto hercúleo, con la fruta vibrante, espectacular en el recorrido en boca, con mucha presencia aromática en la fase nasal, 
En copa parada muestra un color apicotado de cierta intensidad, con reflejos purpúreos.
Nariz que emite recuerdos de fruta negra madura, con pétalos florales violeta y llenos de una fragante sutileza, muy buena capacidad aromática, llena las fosas nasales de recuerdos de jardín, de frutos de parra y mata, suave y con multitud de recuerdos de infancia y juventud, sobre todo para quienes hemos gozado de un jardín en casa.
La boca es plena en el arranque, la fruta manda y envía sus recuerdos de dulzor, mucho sabor, evidencia plenitud en cuanto a extracción, deja señas de ser un vino cargado de naturalidad, con la acidez bien prolongada, repartiendo frescor a lo largo y ancho, bien dimensionado.
Taninos suaves y golosos, como cápsulas frutales, con un ligero tono de sabroso amargor, también muy relacionado con fruta, sedoso en el recorrido, puro terciopelo.
Buena seña de persistencia, dejando en la retronasal francos recuerdos de moras y arándanos, fresas y frambuesas, pétalos florales oscuros, azules y violeta; con un punto de salinidad y terrosidad en el conjunto, descubriendo esa nota de mineralidad, que deja su grata huella en el final de la cata, y que es la última sensación que me queda, junto a la consistencia de la fruta.
Un gran vino, suave y profundo, con un equilibrio magnífico entre dulzor y acidez, con personalidad frutal y buen nervio, franco, gallardo y lleno de un elegante encanto.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable.

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