domingo, 27 de octubre de 2013

Sabinares Blanco de Guarda 2011.


Empezamos bien cuando una etiqueta refleja el calificativo Blanco de Guarda, mi paladar se abre, libre de timidez, y empieza a imaginar las sensaciones que puede concederme un vino blanco, cuando además me entero a continuación que responde a un pasional proyecto de vitivinicultura, encabezado por David González y que se acoge a una denominación por la que siento un especial afecto, la burgalesa Arlanza.
Me encontré con estos vinos de Sabinares en pleno evento del Digital Wine Communications Conference y pude comprobar mediante fotografías servidas en android la esplendorosa esencia de un paisaje, con unas viñas antiguas, plenas de encanto y proporción, con un suelo de cascajos en superficie, que otorga a la estampa en su conjunto, un, si cabe; mayor valor estético.
El rescate de las viñas viejas en Covarrubias es para estos cuatro bodegueros y hombres de vino, una pasión, una aventura que catando vinos como este Sabinares Blanco de Guarda 2011, está claro que se ha convertido en una eficiente y efectiva realidad.
Puedo afirmar sin atisbo de duda, que se trata de uno de los vinos blancos que más me ha gustado de cuantos he podido catar en este evento de divulgadores enópatas.
Un blanco en cuya base varietal figuran varias castas conocidas, la malvasía, la viura, la albillo mayor, la jaén y la chasselas, además de algunas no identificadas hasta la fecha y que forman parte de ese encantador misterio de la recuperación de viñas antiguas. Nueve meses en barricas de madera de roble francés, con una capacidad expresiva y una complejidad dignas de caluroso aplauso.
Uno de esos vinos que me enamoran, que desprenden sentimiento y que sobre todo dejan intuir un trabajo pleno en mimo y buena profesionalidad.
Color amarillo de buena intensidad en copa parada, con una nariz plena de fruta blanca madura, balsámicos, sensaciones de vela y ahumados, resinas y con un guión final aromático que muestra una sugestiva huella de mineralidad. Complejidad en un perfume vinoso lleno de sugerencias.
Boca que arranca con una firme personalidad de dulzor frutal, despliegue de acidez en seña de prolongación, aporta buena frescura en un recorrido que facilita una textura untuosa, es envolvente y adapta una buena profundidad, con longitud y persistencia.
Retronasal que resulta si cabe más compleja que la vía nasal, con tonos frutales blancos y cítricos, breves lácticos y ricos balsámicos, algún matiz silvestre, almendra y especiados, finalizando con una marca de salinidad y liviano amargor, sensaciones estas que prolongan mucho la influencia de este vino durante la parte final de su cata.
Un vino genial en una añada magnífica. Lo califico como más que muy recomendable. Necesario.
Mi más cordial enhorabuena para sus cuatro padres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario