lunes, 21 de octubre de 2013

Domaine Perrot-Minot Morey-Saint-Denis La Rue de Vergy 2008.


La pinot noir de la apelación Morey-Saint-Denis, en edición de añada 2008, sugerida por el dominio Perrot-Minot, apelando a una sutileza y complejidad llena de encanto, aunque de antemano aviso que es un vino que requiere altas dosis de paciencia, tras el descorche.
En esto de la paciencia quiero hacer un apartado, no se trata de asustar a alguien, ni siquiera de juzgar que estos vinos no sean aptos para cualquiera. Siempre he dicho que todos llevamos un buen catador dentro y que catar un vino no es una tarea técnica de gran complejidad, sino más bien de criterio y sensibilidad. Cuando recurro a la paciencia es porque el vino la precisa, bien por salir cerrado tras el descorche, ó bien por precisar por parte del bebedor una mayor dosis de concentración para dar con todos los detalles de su expresión.
En el caso de vinos como el presente, es bueno sentarse, esperar, ayudarse de un bolígrafo y un folio, y con calma, ir progresando a la par del vino, moviendo la copa, dejando mecer ojos, nariz y boca al compás que dicta la cata.
Hay en copa parada una bonita presencia cromática, rojo picota con reflejos grana muy suaves, nariz en donde aprecio notas de fruta roja madura y ligeramente sazonada, con recuerdos terrosos, matices especiados y un claro punto forestal. Me resulta una pinot noir que se declara masculina, con una cierta rusticidad en el perfume, que después en boca, se acrecienta. Sin embargo y pese a ese perfil rústico, gana en sutileza y avanza en expresión varietal, llenando la boca, colmando el paladar de matices frutales generosos, con apuntes de sazón y licorosidad, dando traza de buen equilibrio en el recorrido, cierta calidez pero la frescura imperante. En la retronasal percibo guiños de guindas en licor, manzana y ciruela rojas, confitura incipiente de frutos rojos, arándanos, con un primer perimetro aromático que trae sensaciones especiadas y ahumadas, estas más tenues que aquellas, con una huella de fondo de armario, tabaco. En la parte final de la retronasal apunto mineralidad majestuosa, con el terruño presente, cierta salinidad, sensaciones que van prologándose.
Un vino amable, profundo, lleno de matices, con un equilibrio que gana terreno gracias a esa paciencia que he mencionado.
Lo califico en esta añada 2008 entre muy recomendable y más que muy recomendable. Y ganará más enteros con una guarda responsable en botella.

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