jueves, 3 de octubre de 2013

Bares qué lugares...Vinos y Pinchos : Eme Bilbao.




Mencionar el Bar Eme representa para un bilbaino toda una evocadora sugerencia gastronómica de barra. Sus triángulos y torres representan un referente cargado de tradición para casi todos los que nacimos y crecimos en la villa vizcaína, y aunque resulte paradógico, no son esos pinchos los que traigo hoy a colación, de cuantos llenan de modo diario la barra de este establecimiento situado en la muy bilbaina calle General Concha y en su número cinco.
La ensaladilla rusa es el típico elemento gastronómico que admite tantas variaciones, como diferentes son las personas que la elaboran. Cómo la tortilla de patata, no hay dos iguales.
Desde que en 1860 el chef Lucien Olivier creara esta ensalada en la cocina del moscovita Restaurante  Hermitage, el plato ha rodado mucho y de muchas maneras diferenciadas. Se cuenta que aquel chef la elaboraba con ingredientes secretos y de ingente valor, y que tras el cierre definitivo del lustroso establecimiento, la receta original se perdió para desconsuelo de las futuras generaciones.
En el contemporáneo Eme la ensaladilla lleva atún, huevo duro, patata, guisantes y poca mahonesa, y resulta suave en su textura y sabor, con un punto ácido sugestivo y un pan frito que soporta la conjunción de los ingredientes citados. Tira de jamón york encabezando el bocado.
La suerte de este pincho, sencillo en su estética, reside a mi juicio en el compacto principal, que a diferencia de otras ensaladillas no abunda en demasiada mahonesa, dándole un perfil suave y para nada amanerado, sin que la presencia a veces abusiva de esta salsa, rompa el buen sabor unitario del resto de ingredientes.
He llevado el pincho hasta mi casa y allí lo he acompañado por un vino blanco del Penedés catalán, en concreto un Heretat Mas Tinell L´Alba Blanc de Lluna en edición de añada 2012, muestra enviada de modo desinteresado por los responsables de esta bodega.
Conjunción varietal de muscat, chardonnay y xarel.lo, un vino blanco fermentado en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura, color amarillo pálido con reflejos verdosos, nariz que muestra notas cítricas y algunas señas de menor intensidad que evocan fruta blanca de hueso, motivos de hierba verde fresca y algunos balsámicos. 
Boca sugerente desde la entrada, con buena sensación de fruta y larga línea de acidez, frescura por doquier, suavidad en el paso, con un hilo de amargor muy fino. Tiene en su retronasal recuerdos de limón y albaricoque, con manzana y hierba verde y un suave final que me evoca flores y resinas.
Un vino que ha armonizado bien con esta ensaladilla rusa del bilbaino Bar Eme.
Lo califico en esta añada 2012 entre recomendable y muy recomendable.
Si vienen por el bocho, ya saben; el Eme es tan a Bilbao como el Puente de San Antón.

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