miércoles, 16 de octubre de 2013

Bares qué lugares...Vinos y Pinchos : El Cedro y Liceo en Haro.

Sobre la tortilla española, tortilla de patata; se ha escrito tanto como tipos diferentes de ellas se puede encontrar uno por el sendero de los bares y hogares de España.
Aunque a temprana edad terminé odiando la tortilla de patata, en los colegios de aquella época no se enseñaba a comer, más bien a rezar para que no llegase la hora de la comida; lo cierto es que con once ó doce años comprendí que el gran valor de esta tortilla reside en el hecho simple de que es un plato nutritivo que sirve para cualquiera de las comidas del día, y que además por el hecho de que en un colegio determinado destruyan la receta original, no quiere decir que una digna tortilla de patata no sea un plato digno de elogio y aplauso. Y fue así, animando el espíritu a probar otras diferentes a las de mi antiguo colegio, pude comprobar como la tortilla de patata no sólo me gustaba, sino que además fuí convirtiéndola en un digno premio de happy hour, en una recurrente solución para cenas de amigos y en un icono hogareño, que no precisa de más tiempo de elaboración que el necesario para dorar las patatas, fritas ó cocidas que para esto hay diversas versiones y apetencias, batir los huevos con suficiente energía y añadir a la fritada en aceite de oliva, cebolla, y según algunos pimiento y ajo.
Mi madre hacía una fantástica tortilla de patata, no lo digo sólo yo, tengo legión de amigos que pueden atestiguarlo. En todos y cada uno de los hogares de España se hace una tortilla de patata diferente, yo creo que nunca probé dos ni siquiera similares. Lo mismo sucede en los bares.
Los hay que la presentan sola, con cebolla, con cebolla y pimiento, con ajo y perejil, con jamón york y queso, con picante y sin él, con atún, mahonesa y espinacas. Tantas variaciones que resulta una de las tapas más proliferantes en los establecimientos con barra de este país.
En la localidad de Haro, hay dos lugares cuya tortilla de patata merece, a mi juicio un punto positivo.
Uno El Cedro, establecimiento en donde suelo almorzar y en el que la tortilla tiene dos variantes, una de pimiento y cebolla y la simple pero magistral a solas con la patata.
Picante optativo con alegría riojana al uso, bien enlazado el huevo con la patata, interior untuoso, olviden la maldita sequedad de las tortillas de patata que parecen ladrillos, ó el otro extremo, aquellas en las que el huevo se desparrama líquido en cuanto metes el tenedor.
La tortilla del bar El Cedro de Haro tiene estructura, ligazón, con la patata entre cocida y frita, y sobre todo mostrando un perfil de patata de calidad, harinosa y sabrosa.
Acompañada por un tinto joven de Rioja y a medía mañana es una de esas bendiciones gastronómicas que la vida nos da, y que sirve para romper el hielo hasta la hora de la comida.
La segunda, la del Bar Liceo, que también admite dos variantes, la simple con cebolla y la rellena, que aparece presentada en barra con una capa de mahonesa, chatka y huevo hilado. Picante de nuevo optativo.
Tiene buena estructura también, con buen ligazón interno y dorada armadura, la patata entre cocida y frita, ni lo uno ni lo otro, a medias. Resulta cremosa y en su sabor hace hueco el sugerente aporte de cebolla. En las fotografías adjuntas, arriba El Cedro, abajo Liceo, dos ejemplos jarreros de excelencia en la tortilla española. Generan atractivo, transmiten sabor y deleite, a fin de cuentas según el memorial de ratonera navarro de 1817 que relacionaba esta tortilla legendaria con miseria y atapurres de pan, nuestra genial fusión de huevo y patata ya se degustaba en tiempos pretéritos, y lo que antaño fue síntoma de pobreza es hoy síntoma de buen gusto.
Otra versión localiza la tortilla española por vez primera en Bilbao, cuando durante el sitio de la villa en plenas guerras carlistas, el General Tomás de Zumalacárregui decidió probar esta receta para saciar el hambre de sus alicaídas tropas.
Pero a versiones nadie gana, y hay otra que emparenta su creación con la localidad extremeña de Villanueva de la Serena.
En cualquier caso y en una localidad tan hermanada con el vino como es Haro, la tortilla tiene en estos dos representantes a dos convincentes y seguros defensores. Sólo les queda a ustedes, probarlas.


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