jueves, 31 de octubre de 2013

Bares qué lugares...Vinos y Pinchos : Bar Olimpia Bilbao.




En el número veintiuno de la bilbaina calle Egaña, se encuentra el establecimiento Olimpia, que hace mención a un viejo cine ya desaparecido, en el que muchos chavales nacidos en el bocho, en la década de los años sesenta, nos destetamos con aquellos películas de Fantomas y Fu Man Chú. Bar y cine estaban situados adyacentes, y el Olimpia con barra sigue, a día de hoy, enarbolando la bandera del buen gusto, con buena oferta de pinchos y vinos.
En mi visita reciente pude degustar una tapa consistente en algo tan simple, aunque sabroso a la vez; como un par de anchoas rebozadas, manjar muy del Pais Vasco, casero como pocos en Bilbao, y celebrado por quienes guardamos en la memoria escenas de familia relacionadas con la culinaria.
En mi casa, las anchoas rebozadas eran plato de cena semanal, y muchas veces se degustaban en bocadillo con un buen pimiento rojo ó verde. Aunque lo cierto es que un rebozado bien hecho de anchoa es una de las formas más efectistas de preparar este pescado, y sobran aditamentos.
El pincho del Olimpia es calidad marítima, el producto fresco, con una elaboración a todas luces reciente, perfecto el huevo vistiendo la anchoa, ligero y en la medida justa para que no la aprisione, sino que la vista con la delicadeza de la mejor modista pret a porter.
Como segundo pincho, me decidí por un narcisio, quesos y jamón picado, que aunque en muchos casos suele prender la mecha el parmesano, en el caso del Olimpia intuí un roquefort, no exagerado, en una medida justa y suficiente para no tapar al jamón. El pan de buena calidad en ambos casos, cortado con el justo grosor y con la textura adecuada para servir de base a un buen pincho, cuando muerdes no se rompe, con lo que su degustación sin cubierto, como debe ser; se hace impecable.
Es este un pincho que no en todos los bares se prepara con la proporción idonea de ingredientes, en algunos casos el queso tapa al jamón, y viceversa. En el del Olimpia, y aún llevando un queso tan potente como es el roquefort, la sensación en boca es óptima.
Para acompañar a estos dos ángeles culinarios, me decidí por el Viña Real Plata crianza, en edición de añada 2010, uno de esos vinos legendarios, icono de CVNE, que debo decir que en esta añada ha ganado enteros, al menos bajo mi punto de vista.
Se trata de una compensada fusión varietal de las castas tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, por ello muy en clave Rioja, con una media de entre trece y catorce meses de maduración en barricas de madera de roble francés y americano.
Copa parada que esgrime un color rojo picota con reflejos violáceos. Nariz en donde predominan recuerdos plenos de fruta roja madura, con apuntes balsámicos finos, notas especiadas y de ebanistería. Tiene buena plenitud aromática. Boca jugosa en el arranque, con buena traza de acidez, hay frescura y una textura de media intensidad, prolongado en sensaciones, taninos finos y golosos, trago amable. Buena seña de persistencia, con la retronasal que marca evocaciones de ciruelas rojas y frambuesas, vainilla y regaliz, este en menos dimensión; con notas de ebanistería, aunque siempre en muy segundo plano, equilibrio y punto constante de frescura.
Lo califico en esta añada 2010 como muy recomendable.
Un establecimiento que recomiendo por buen servicio y una galería de vinos y pinchos que colmarán las ansias culinarias de cualquier amante del bon apetit.

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