miércoles, 18 de septiembre de 2013

Viña Ijalba Livor Tempranillo 2012.


Caté esta misma referencia en edición primeur correspondiente a la añada 2011 y plasmé mis impresiones en una entrada de este mismo blog con fecha veintinueve de Octubre de 2012. Fue durante mi asistencia al salón que organiza Bodegas Familiares de Rioja, en el Rioja Forum de la capital riojana. Aquel vino, aún en depósito; me concedió una grata sensación.
Ahora, hace pocos días, he logrado catar y degustar la edición de añada 2012, etiquetada y comercializada, y debo afirmar que las sensaciones no han sido tan gratificantes.
Y me explico.
Siendo un vino elaborado a partir de frutos de tempranillo, procedentes de cultivo ecológico, con despalillado y estrujado en bodega tras la vendimia, y fermentación en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura, para concluir con un estabilizado por medios puramente físicos y un filtrado, antes del embotellado definitivo; el vino me ha resultado un tanto cerrado en cuanto a personalidad frutal, con unos aromas un tanto desconcertantes, que no se han ausentado ni siquiera después de aportar dosis de paciencia a su cata.
Buscaba en este tempranillo ecológico de Ijalba mayor carácter frutal, más ritmo balsámico y floral, ese punto cremoso e incluso astringente que manifestaba aquella edición 2011 en avance de depósito. Todo ello en un conjunto más afinado, dado que estaba ya delante de un vino completado.
Pero dejando de lado las lógicas y hasta sanas diferencias de añada, me he encontrado con un vino que me ha desconcertado, que aporta las huellas de la fruta un tanto escondidas detrás de un manto que, siendo plenamente sincero, como por otro lado debo ser; da unas extrañas sensaciones poco equilibradas, sobre todo en el plano olfativo.
Recuerdos acre que enmascaran la fruta y que tras diez minutos de espera y agitación de copa no terminan de desaparecer.
La boca no queda tan marcada por esta sensación, delinea bien la traza de acidez, aunque la intensidad del dulzor frutal no queda bien parado, ya que se me ha mostrado un tanto trémulo.
He catado un vino que demuestra cierto desequilibrio, con altibajos en el recorrido, no muy pleno en su expansión final y tampoco en cuanto a persistencia.
La retronasal dibuja alguna muesca de fruta roja madura, pero se queda corta en cuanto al resto de posibilidades de expresión.
No creo que sea un problema de conservación, ni siquiera de botella puntual.
Creo que es una añada que a mi no me ha gustado, y es que después de catar aquella muestra de depósito de la añada 2011, me esperaba mucho más.
Lo califico como decepcionante. Lo siento, pero sinceridad ante todo, como norma en El Alma del Vino.

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