jueves, 5 de septiembre de 2013

Torre de Oña Finca San Martín Crianza 2010.



Vino catado y degustado en el establecimiento Mesón Jabugo de Logroño, donde aparte de comer en buenas condiciones, se pueden elegir algunos vinos por copa, bien conservados, cuestión esta que no siempre se puede lograr con facilidad en la amplia galería de bares y restaurantes que nos rodean.
Segunda referencia de la bodega Torre de Oña, perteneciente a La Rioja Alta, en cuya elaboración toma el mando como enólogo, Julio Sáenz.
Estamos delante de una bodega con perfil de vinos de finca, situada en las inmediaciones de mi venerada Sierra Cantabria, y poseedora de sesenta y cinco hectáreas de viñedo en propiedad. Suelos de composición arcillo calcarea, con una altitud media de seiscientos metros y diferentes exposiciones y edades de viñas.
Se trata de un monovarietal de tempranillo, elaborado con frutos procedentes de las parcelas San Martín I y II. Vendimia manual, con traslado a bodega en cajas y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable con control de temperatura, durante un periodo de catorce días.
Posterior trasiego a nuevos depósitos donde durante cincuenta y ocho dias se procede a la fermentación maloláctica. Madura el vino en barricas nuevas de madera de roble americano, en una proporción del sesenta y siete por ciento; y de roble francés de dos vinos, en la proporción restante.
La crianza se desarrolla durante un periodo de dieciseis meses, con tres trasiegos manuales.
En copa parada muestra un color apicotado con reflejos violáceos, brillante y limpio.
Nariz en la que descubro recuerdos de fresas y ciruelas rojas, con notas especiadas dulces, suaves balsámicos y tostados livianos. La boca es firme y despliega en la entrada una buena seña de dulzor frutal, con una línea media de acidez, frescura en el recorrido, taninos suaves, fundentes y golosos, con la persistencia en alta seña. Tiene buena estructura y en la retronasal apunto ciruelas y fresas con una pizca de vainilla y tonos balsámicos más intensos que en la vía nasal, terminando con notas tostadas y de confitura.
Es un vino amable, con buena expresividad y un sabroso recorrido por boca y paladar. La fruta imperando en todo momento.
Lo califico en esta añada 2010 como muy recomendable.
Mi más sincera enhorabuena a Julio Sáenz, por un vino que a mi juicio tiene una personalidad muy diferente a los vinos que están saliendo en los últimos tiempos desde la bodega del Barrio de la Estación de Haro.

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