lunes, 2 de septiembre de 2013

López de Heredia Viña Tondonia Blanco Reserva 1998.


Catar un vino de la casa en la coqueta tienda de la bodega López de Heredia, a veces rodeado de enoturistas de mil y una procedencias, se convierte en una especie de capricho de enópata, sobre todo porque el clima que se respira en el ambiente es de curiosidad y hasta de frenesí, sentimientos estos que se pueden captar en los rostros de los visitantes, si se da un paso atrás y se observa detenidamente desde la distancia.
Es lo que tiene esta bodega de Rioja, en algunos, como es mi caso; causa sincera devoción, en otros una mezcla de admiración y curiosidad.
Lo cierto, y lo comenté con mis compañeros de inesperada visita; es que esta bodega de Haro, colocada en vez de en España, en cualquier otro país de tradición vinícola, sería tratada como un tesoro, una tradición a proteger y mimar. No es que algunos no lo hagamos, es que hay una inmensa mayoría que piensa en voz alta cosas un tanto extrañas de López de Heredia, relacionando la bodega con ancianidad vinosa en base a perjuicios de modernista esnobismo. Se escribe mucho sobre López de Heredia, incluso desternillantes disparates tales como, y lo leí el otro día; "una bodega de Rioja que camina entre la modernidad y la tradición", ó lo escuché hace poco "es una bodega tan anclada en el pasado que no merece la pena visitarla".
Yo, cada día alucino más con ciertos personajes que caminan por este mundo de la cultura vitivinícola con zapatillas de paño, rulos y bata de las de andar por casa, y luego pretenden vender ropa de marca y collares de perlas australianas al personal. López de Heredia es para mi dos cosas : una gran bodega y un tesoro en el pasado y presente de la denominación Rioja y de la cultura del vino español.
Dicho lo cuál y en relación al Viña Tondonia Reserva 1998, exhibe en copa parada un color amarillo dorado de buena intensidad y brillo, mandando en nariz recuerdos de flor de naranjo y melocotón, cítricos, con pétalos florales blancos y amarillos, algúna punta de vainilla, confituras. En una segunda aproximación, tras agitar aparecen junto a una cesta de fruta, esencia especiada, un tono tostado liviano, notas de frutos secos y un epílogo aromático que despliega notas de hinojo y matorral de monte bajo.
La boca es plena en intensidad, con la fruta marcando el guión desde el arranque, aportando una buena traza de acidez, da señal de madura viveza, plantando una textura untuosa en el paso, con longitud de recorrido. Me sorprende la frescura que aporta y su seña de concentración, con una preciosa largura. La retronasal es incluso más compleja que la fase nasal, hay dulzor, hay frescura y calidez en paladar, hay un sabroso amargor y hay, sobre todo vinosidad y equilibrio.
Melocotón, naranja y limón, ciruela claudia madura, frutas navideñas, confituras, frutos secos muy ligeros, membrillo y cierta melosidad incipiente no demasiado marcada, mineralidad, especiados y hasta un breve punto balsámico, con el perimetro cítrico que envuelve todo y que llena boca y paladar.
Magnífica añada.
La califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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