sábado, 14 de septiembre de 2013

La "tontería" en el mundo del vino.


Leo una entrevista pasada con Pablo Alvarez Mezquiriz, consejero delegado de Bodegas Vega Sicilia; en la que trataba de desmitificar la cultura vitivinícola, alegando entre otras afirmaciones que "a este mundo le sobra tontería, le falta algo de oficio y algunas dosis de autocrítica...".
Yo que a estas alturas ya estoy hasta los polifenoles de que sigamos manteniendo la doctrina fácil de creer que la cata de un vino, el evento que se organiza a tal fin e incluso el boato que supone vestir con botella y etiqueta una añada concreta, es poco menos que una tontería, lo he escuchado en labios de más de un bodeguero y la cuestión me produce escalofríos. Lo de los atajos para atraer a la gente al sector ya ha ocupado otras entradas de mi blog, y mi opinión al respecto es clara : una cultura, la que sea; no admite atajos, ó se toma en toda su extensión mediante un aprendizaje incansable y progresivo, ó queda coja e incompleta. La del vino no es una excepción.
En este país, en donde los que escribimos de vino tenemos, por regla general; tan mala prensa, no digo que a veces esta sensación no esté justificada; existe la extendida creencia que resume algo asi como que sacar aromas y liturgias de una copa de vino es una ridiculez, ó una especie de esnobismo propio de un jeroglífico infantil.
Que los que aportamos esa esencia a la cultura del vino estamos chiflados, somos freakies ó directamente representamos un freno en acercar el vino al resto de la sociedad, ya que mediante nuestras notas de cata y escritos, lo convertimos en un producto raro, extraño, difícil de entender.
Es frustrante cuando estas aseveraciones provienen de consumidores compulsivos, de ignorantes ó de ciudadanos que ni siquiera beben vino, pero es vergonzoso cuando quienes manifiestan estas cosas son bodegueros, enólogos ó viticultores.
Estoy cansado de aguantar frases tan simples como el vino sólo sabe a vino, obviamente, igual que el queso sabe a queso ó la cebolla a cebolla; pero que no nos tomen por idiotas. Todos los vinos no saben igual, a Dios gracias. O aquello de déjemos las frutas del bosque y la vainilla para los yogures, que esto es vino,,, .
Los análisis organolépticos forman parte de la vida real de cualquier producto alimenticio y desprestigiarlos es un ataque frontal contra la propia cultura del vino, algo que, al parecer; no comprenden algunos individuos que encima se ganan la vida elaborando y vendiendo vino.
Parafraseando a un grupo de bodegueros que hace ya un tiempo se reunieron para catar sus vinos en una iniciativa denominada Vino sobre Lienzo, se trata de dar a entender el vino de una forma diferente a la habitual, eliminando tópicos, muchas veces falsos; y acercándolo a la realidad diaria para que su presencia forme parte de ella, de un modo lo más natural posible, haciendo especial referencia a su origen y evolución, desde el viñedo a la copa.
El gran y admirado Emile Peynaud ha dejado impresas varias aseveraciones que traigo a colación, para que quienes critican alegremente a quienes escribimos de vino, tengan muy en cuenta el valor que nos otorgó alguién que desde su Francia natal, fue maestro de maestros y brújula en el arte de elaborar.
¿Cómo es posible describir un olor con palabras?-se planteó Peynaud, en una aproximación cartesiana al problema, el catador se esfuerza por distinguir la intensidad ó el volumen del aroma y sus matices, su calidad. Después, cometido más complejo, intenta reconocer mediante un examen en profundidad, oliendo el vino con inspiraciones cortas y repetidas, exhalando a continuación, una colección de perfumes evocadores. Deja volar su imaginación y se abandona al juego de las evocaciones y las analogías... .
No es suficiente que un buen catador tenga sensibilidad ó un paladar entrenado, una memoria dúctil y rápida, ni siquiera que sepa aprovechar las mejores condiciones posibles para enfrentar un vino, es necesario que sepa expresar claramente sus propias reacciones sensoriales. Debe estar en posesión de un vocabulario gustativo lo sufiente extenso como para exteriorizar sus percepciones y motivar sus juicios. Lo que confiere buena reputación a un catador es su modo de hablar del vino, su claridad expositiva, su precisión, los matices de sus comentarios. Pero desconfiemos del elocuente : cuanto mejor sepa hablar, menos sabrá degustar.
Comentarios de Peynaud que convierten a quienes escribimos de vino en un hilo conductor necesario en dos sentidos : el de transmisores de la cultura vitivinícola, y en incentivadores del consumo responsable, tanto en cantidad como en calidad.
La tontería en el mundo del vino no está en esa parte literaria que aporta su esencia y nivel a bodegas, elaboradores y consumidores, sino en quienes desde una incurable ignorancia pretenden siempre saber de todo, desconociendo gran parte del total.
Un catador y escritor de vino es una pata firme de la mesa de esta cultura. Puede que no la más relevante, pero sí necesaria y digna de respeto.
El vino, como arte, expresión y cultura, precisa de comunicación, de contagio y de expansión informativa. De otro modo, su futuro penderá de un hilo, del hilo cruel de la ignorancia.

4 comentarios:

  1. No estamos de acuerdo en los detalles pero si en los grandes rasgos. Nosotros lo enfocamos desde otra perspectiva: http://popthewine.wordpress.com/2013/08/24/esnob-insoportable-o-orgulloso-ignorante/

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  2. He leído tu articulo y en efecto discrepo de el en algunos detalles incluso en la línea editorial que tienes cuando hablas de aromas, catar, vino e imaginación También, como demuestro , Emile Peynaud, discrepaba de tu línea Eso porque para mi que un vino , moléculas arriba o abajo, exprese recuerdos aromáticos de vainilla hinojo o fresas no es un esnobismo sino parte de la cultura del vino Tampoco me sirven las analogías que pones respecto a un taller o a comprar un ordenador Nada tiene que ver el producto Creo que aprender a catar vino es parte de esta cultura y un juego necesario Decir que el vino solo es vino es muy fácil, demasiado Bucear en su estructura en sus aromas y en su juego acidez dulzor amargor no es esnobismo Es cultura Dicho todo ello con respeto y aprecio Gracias por tu aportación Saludos!

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  3. Lo que está claro es que sufrimos de una pérdida de valores generalizada, la cultura del vino se ha convertido en la incultura general, hemos olvidado la esencia y montado un gran circo alrededor de este producto.

    Desde luego es imposible que la descripción de aromas y sabores, sensaciones en concreto, coincidan con las personales de cada uno, pero lo que está claro es que el acto litúrgico de una cata con fundamentos, sabiendo qué tienes entre manos, de dónde procede y qué te hace sentir, es un momento mágico que evoca un tipo de arte inteligente que se está perdiendo por la sociedad borreguil en la que vivimos.

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  4. JUan : He leido tus apreciaciones sobre la ya cacareada función de la cata , para no extenderme mucho y aprovechando las declaraciones de Pablo 'Alvarez Mezquiriz de Vega Sicilia y , en una cata de vinos de la Ribera del Duero en Valencia , (ya hace años) y en su cierre Jesús dijo una frase que definía totatmente la cata ,: Mirad (dijo) , en definitiva el vino es , me gusta o no me gusta !!. Esa para mi es una verdad absoluta y sin "plumas" de la que hoy en dia se visten muchos vinos!!

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