viernes, 27 de septiembre de 2013

Château Léoville Barton Primeur 2012.


Vino catado durante mi recorrido por los interminables pasillos y stands de Vinexpo 2013.
Dominio vitivinícola con varias generaciones familiares de andadura, con ascendencia irlandesa, del que algún día tendré, no por obligación si por pasión; que hablar largo y tendido en este blog, algo casi inevitable y merecido, habida cuenta de la relevancia de pasado, presente y a buen seguro futuro, que este château tiene en la historia y desarrollo del vino bordelés.
Tener la oportunidad en plena feria Vinexpo de catar este primeur en edición de añada 2012 es un lujo, que debo agradecer y que sin duda supone una experiencia personal de importancia, teniendo en cuenta lo que se cata y por la dificultad añadida que para mi, y por mi reciente experiencia de los primeurs bordeleses in situ, supone catar en primeur cualquier vino de Saint-Julien, potros vinosos plenos de acidez y que suponen una compleja experiencia en este tipo de catas, tal vez la apelación de Burdeos más complicada.
Ochenta por ciento cabernet sauvignon, quince por ciento merlot y cinco por ciento cabernet franc, para un vino que en copa parada exhibe un color rojo apicotado intenso, con reflejos purpúreos, con una nariz de buena intensidad aromática, que refleja recuerdos de fruta roja y una punta tostada y especiada, aún muy ligera, siempre en segunda instancia, y procedente de los veinte meses de maduración en barricas de roble francés, en una proporción del sesenta por ciento de madera nueva.
Tiene algunos matices lácticos, cremosos, con un guiño balsámico no demasiado marcado.
Se nota su lozanía en la aproximación aromática.
La boca es sustanciosa, delata juventud, con la acidez longitudinal, hay fruta en abundancia que se refleja en el paladar y que supone un elegante punto de frescura. Los taninos aún vibrantes, alzados, agrestes, con una clave de astringencia nada correosa, diría, y aunque suene raro; que incluso integrada en el conjunto.
Abundante y pulposo, hace salivar. Tiene una franca seña de persistencia. En la retronasal apunto moras, frambuesas, bayas silvestres, notas de vainilla, regaliz, pétalos rojos de flores, madera en corto, tostados insinuantes, lácticos y crema, y ya en el final un punto suave silvestre, forestal, de naturaleza.
Un vino que tenderá a educarse, y que cuando lo haga, tal vez en tres años y en adelante; será un magnífico Bordeaux, con el santo y seña de la cabernet sauvignon, pero con claros y sorprendentes, habida cuenta de la proporción presente de esta varietal; matices de la merlot.
Lo califico ya como más que muy recomendable.
Grande de Saint-Julien, gloria de Bordeaux...

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