jueves, 22 de agosto de 2013

Vino y sudor, de la viña a la bodega.


Tiene uno la sensación de que la mayor parte de los consumidores habituales de vino, no se hacen ni idea cercana del trabajo que provoca el buen desarrollo de un viñedo ó de varios, en función de la propiedad que tenga cada bodega. Los hombres y mujeres de campo, viticultores; tienen una gran responsabilidad a la hora de afrontar cada cosecha y por ende, cada añada y vendima.
Tras la etapa de industrialización del campo y la fuga de las labores agrícolas tradicionales, el viñedo sigue reflejando la tradición dentro de un perfil de producción agrícola de alto rendimiento económico. Ese romanticismo basado en sudor y a veces hasta lágrimas, no sólo es tan atractivo para el común de los mortales, sino que iconiza el primer valor de la cultura vitivinícola, ó lo que es lo mismo : el valor fundamental auspiciado en la frase "el vino se hace en el viñedo".
Ver al personal de campo de las bodegas en labores de acolladura y poda, conducción de espalderas, labores de suelo, saneamiento, aclareo, desmochado y en la maravillosa vendimia es una parte del paisaje del viñedo, con ciclos diferentes.
Un vino pedido en un bar al ritmo del consumidor, póngame un crianza, es casi una milonga, suena a eso. A fin de cuentas hay consumidores que ni siquiera saben lo que están bebiendo, piden con afán compulsivo, lo mismo da arre que so.
Llevo tiempo reivindicando ese reconocimiento de las labores de campo, del mimo que muchos viticultores y por ende, algunos enólogos, ponen en su trabajo, sufriendo cuando la radio anuncia por la mañana riesgo de tormenta con granizo, peleando con los ritmos de maduración de la uva, llorando de emoción cuando aprecian el lloro primaveral,  ese plástico instante de la savia deslizándose por la madera.
La práctica de la vitivinicultura es lo más parecido que nos queda a la alquimia  y sin pretender por ello buscar la piedra filosofal convertida en vino,  sí pido que el consumidor vaya ganando en entidad y personalidad, y aprenda de una vez por todas a pedir con una mínima dósis de criterio. Se acabó pedir genéricos, es ya tiempo de personalizar. Nada de crianzas, ruedas ó albariños. Todos ellos tienen nombre y apellidos y hay que empezar a entrar en los bares y tabernas desplegando el documento de identidad de lo que solicitamos. A cada cuál le puede gustar más una bodega que otra, una añada de una bodega más que la misma de la vecina, y saber determinar qué crianza de Rioja quiere exactamente o qué vino blanco verdejo prefiere de cuantos existen en el mercado.
Es hora de empezar a exigir que nuestros amigos los bares sepan que no todo vale, siendo más selectivos y no sólo por ahorrar ó ganar cinco céntimos.
Es hora de que los que no lo saben, conozcan, que detrás de una copa de vino se esconde algo más que un proceso de elaboración. Que hay enólogos y viticultores que viven más en el campo y en la bodega que en su propia casa. Que la parte más mágica y gratificante del vino no sólo está en la copa. Y que...por Dios!, ni todos los vinos son iguales, ni ese mismo mencionado Dios nos hizo sin capacidad de paladear, degustar y diferenciar. Los consumos compulsivos son fruto de la ignorancia. El consumo responsable en el mundo del vino no sólo depende de beber más ó menos, también de saber qué se bebe.
Y en esa decisión está el buen gusto.
Yo siempre que bebo un vino pienso en sus padres, en el terreno y el viñedo que le dieron cobertura y en el rincón de la bodega donde yació durante un tiempo.
Y si tengo la mala suerte de no conocer aún a ninguno de estos tres ingredientes, aunque sea los imagino. Y de verdad que así, aún me sabe mejor, si cabe.

2 comentarios:

  1. Que GRANDE me parece esto que estás diciendo. Sin duda en la bodega toma forma esa uva en vino. Los enólogos hacen un gran trabajo.
    Al igual que hay viticultores que buscan producción en detrimento de calidad, también hay enólogos que buscan vinos comerciales en vez de vinos espirituales.
    Pero como bien dices, debemos alabar al buen enólogo, pero mucho más a ese viticultor que sufre y padece en sus tierras para traer un gran genero y que sea convertido en un gran vino. Y en muy pocas ocasiones es correspondido con un precio justo a su esfuerzo.
    En un mercado en el que compra pone el precio, pocas veces se puede hacer justicia con el trabajo y esfuerzo del que vende. Algo a cambiar sin duda. Cada cual debe obtener lo que se merece, ya que si no corremos el riesgo de que nadie quiera esforzarse si no ve recompensa a su esfuerzo.
    Para terminar yo no llego ni a tu suela querido Juan, no entiendo tanto de vinos, ni he probado una milésima parte de ellos. Carezco de tanto conocimiento. Pero he nacido entre viñedos, los he trabajado, plantado, cuidado e incluso arrancado algún viñedo centenario. Así mismo he hecho mis pinitos como enólogo ocasional y me he permitido tener algún crianza incluso reserva con mayor o menos aceptación.
    Por ello, porque conozco el esfuerzo de primera mano, valoro tanto tus palabras (letras). Y animo a todo el mundo a que además de saborear los grandes caldos de muchas de las bodegas más conocidas, arriesguen y prueben los vinos de bodegas pequeñas, o incluso vinos propios de viticultores poco conocidos, que no por ello van a tener peores caldos. Los hay y muy buenos.
    Muchas gracias Juan, por tu gran trabajo.

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  2. Muchas gracias a ti amigo mío por el tuyo Trabajos como el tuyo nos reconcilian con la esencia natural La viticultura es para mi una de las cuatro patas de la hermosa mesa de esta cultura del vino Y aquellos que la ejercéis sois personas a proteger y defender por quienes valoramos esta cultura
    Por supuesto que yo cato todos los vinos que me llegan "grandes" y "pequeños" porque todos me merecen el mismo respeto y los quiero por igual Un abrazo amigo y gracias por tu aporte a este blog Salud!

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