sábado, 17 de agosto de 2013

El Alma del Vino con Ezequiel García, una jornada inolvidable.









Hay ocasiones en las que me pongo delante del teclado del ordenador y de entrada no sé bien si las palabras van a fluir con la intensidad adecuada como para estar a la altura del texto que tengo que plasmar. Esta es una de ellas. Compartir una jornada con Ezequiel García, al que el malogrado maestro del periodismo Xavier Domingo bautizó como El Brujo de Rioja; es más que placer, lujo para alguién que como yo nunca disimula sus ansías de aprender de un universo que como el de la cultura vitivinícola tiene estrellas, luces y hasta perseídas.
Digamos que Ezequiel es en el mundo del vino, un referente, una fuente de información del Rioja y de lo que encierra la historia más reciente de esta denominación.
Jornada que comenzó con su bodega centenaria, un emblemático calado localizado en el municipio de Anguciana, donde él llegó al mundo rodeado del aire agrícola de la localidad, de las ferias de ganado, de su adorado río Tirón y del icono del pueblo, la Torre Fuerte, edificio militar del siglo XIV.
Tras su paso por CVNE y Bodegas Olarra, Ezequiel decidió regresar a Anguciana, y allí comenzar a elaborar en 1997, con el apoyo y cercanía de un grupo de amigos. Como bien dice Ezequiel, elaborar con absoluta libertad.
Ezequiel tiene en su haber la Medalla de Oro al Mérito Enológico, que todos los enólogos de España le concedieron en el año 2004. Un mérito que da valor a una carrera profesional brillante, y que aún a día de hoy se deja ver cada vez que descorchamos una de aquellas añadas de Cvne, bien conservadas y fantásticas en cuanto a anciana condición vinosa.
Tras visitar la sede de Doña Toda, marca de los vinos que elabora en la actualidad Ezequiel y que rinde homenaje a un personaje histórico miembro de la familia López de Haro y Señora de Anguciana; fuí invitado a comer en la cercana bodega de una sobrina de mi anfitrión, un local que debo recomendar desde este blog a todos los que decidan visitar esta zona de La Rioja. El Pirulí del Abuelo y Ana Rosa forman un conjunto pleno en sabores tradicionales, casero y cercano, que hará las delicias de todos los amantes de la buena mesa, y de la cocina riojana en particular.
Allí estuvimos mano a mano los dos, reunidos en torno a platos profundos en espiritu y genuinos en las formas, charlando, yo preguntando y él respondiendo como libro abierto de la cultura del vino.
Mucha información, que fui estructurando en mi cerebro y que en formato de resumen intentaré trasladar.
Ezequiel es un hombre cercano, con carácter, poco amigo de florituras y menos aún de peloteos. Vive con pasión el viñedo más allá de la bodega, disfruta hablando de la vid y del terruño, mira con un catalejo imaginario desde la distancia, las cepas del horizonte paralelo a Anguciana y disfruta con el diálogo, con sus recuerdos del pasado que lucha por encajar en un presente muy distinto.
Para Ezequiel, como para la mayor parte de enólogos que en la actualidad elaboran; el vino se hace en el viñedo, contando con las condiciones diferenciales de cada añada, valorando la evolución de cada varietal y cada racimo, midiendo la climatología, la humedad, las largas noches con bajada de temperatura, el suelo...
Descubro que más allá de las variedades tradicionales en Rioja, Ezequiel es un sincero admirador de la syrah, uva por la que me dijo sentir cierta predilección personal.
Otro de los puntos de la entrevista que más me llamó la atención fue cuando este hombre fue mencionando a otros ilustres personajes del vino de Rioja, siempre con respeto e incluso con deleite, transmitiendo siempre sus puntos de vista, omitiendo lo que en otros casos suele ser norma, con algunos comentarios que rozan la malsana competitividad ó incluso el revanchismo. Para Ezequiel, tras una larga vida de trabajo en el mundo del vino de Rioja, no hay rivales, ni siquiera competidores. Es muy consciente de que en el plano laboral del vino, todos han aportado algo, algunos más que otros, eso sí, pero que en una imaginaria piramide de influencia, hay espacio para toneleros, canteros, enólogos, comerciales, bodegueros y hasta críticos y escritores. Visión positivista, visión generosa la de un hombre cuya vida está tan cargada de hemoglobina como de taninos.
Me dijo Ezequiel que los mejores rosados, bajo su punto de vista y gusto; son los que se elaboran con garnacha, sabrosos y llenos de viveza. Que la mejor conjunción de uva en un Rioja llega formada por frutos de las tres zonas, Alta, Alavesa y Baja. Que en su etapa de elaborador en Cvne sentía mucha admiración por las tierras y cepas de Laserna, uno de las zonas geográficas de Rioja en donde según él mayor calidad tiene la uva, junto a La Sonsierra y algunas partes de Villalba.
Que le encantan los vinos ancianos, añadas que han pasado el tiempo bien conservadas, y que cuando las descorchas te cuentan, te transmiten la leyenda viva del Rioja, con sus colores vetustos, sus aromas elegantes y sus sabores, aún, en muchos casos; vivos.
Ezequiel sonríe en varias partes de la entrevista, se emociona cuando habla de algunos miembros de su familia ya fallecidos, y se carga de energía cuando comenta la actual situación del mundo del vino y el futuro que le espera. Me da la razón cuando le digo que para incentivar el consumo responsable en las nuevas generaciones no hace falta tanta publicidad y si una presencia diaria del vino en la mesa del hogar, un ejercicio lectivo que enganche a través no sólo del consumo, que es el que cuadra resultados; sino a través de los aromas, de la clara percepción de que tras del vino hay un trabajo diario apasionado, una serie de valores que a veces, y por desgracia, pasan desapercibidos.
Ezequiel me regala un ejemplar del libro que escribió e incluso dibujó; Mi Pueblo, que coloca a Anguciana en la galería de lienzos de su cerebro.
Catamos el Doña Toda crianza y el vino va en clara consonancia con su creador, parece situarse entre la tradición de Rioja y la modernidad, con un perfecto equilibrio entre fruta y madera, con la estructura relevante de un vino hecho para agradar, sin excesos de complejidades, cercano y expresivo, amable en el paso, y cumpliendo con creces en la llegada al final de la cata.
Color, nariz y boca danzan al mismo compás, escuchando el acorde en todo momento, y alcanzando el epílogo sin desmayos.
Doña Toda demuestra viveza en la crianza, la misma que aporta en una conversación Ezequiel, un hombre que en su experiencia de años, puede recibir, al menos por mi parte, el título merecido de Senador del Rioja, siendo el Ordo Senatorius en este caso la transparencia de una pasión existencial por la cultura del Rioja y del vino en general, algo que fluye desde dentro de Ezequiel sólo tras media de hora de conversación.
Agradezco muy sinceramente a Ezequiel el trato que me dispensó, al tiempo que califico el tiempo que pasé a su lado, como experiencia de aprendizaje personal inolvidable. Una de esas jornadas que permanecerá en mi memoria de catador y escritor de vino, de por vida.




2 comentarios:

  1. Siempre con explicaciones tan didácticas. Gracias por enseñarnos tanto. Un cordial saludo, maestro Cuatrecasas Asua.

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  2. Gracias Me alegra que te guste
    Pero no soy maestro Solo un "soldado" en la Batalla del vino Un abrazo

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